martes, 14 de septiembre de 2010

Dios I

Aura del cometa que pasa
o formador del sueño, masajeador de los bordes
roza tu vuelo la mirada de las ecuaciones
y en la cintura mis rutinarios lamentos
que empujan los lunes como la penumbra los atardeceres
cuando las sombras forman coágulos en esta ciudad maldita.

No serán niñerías por tu voz voluptuosa
que implora como las galerías olvidadas
o en contraposición a mis sospechas aúllas en los baldíos
donde la nada te pesa tanto
que de tu boca zarpan asteroides y hoyos negros hacia
la inmensidad del ocaso.

Arrúgate dios te lo pido, recuerda esa piel de hombre
porque una palabra tuya bastará para volverme loco de pena
tantas veces mire tus nudillos plagados de callos y pedazos de vidrio
dando suspiros de géisers en la soledad absoluta de las celdas
en que resucitabas.

Resuena en mi mente un grito de amor, miles de gritos de amor invocándote
fieras que se sentían cómplices en tu actitud antropófaga
me aparecerán en muchas formas, ya te aviso, no lo rehuyo
tu manto poblado de obscenidades
o de tanto realizar pecados me mires nervioso o me condenes a un nuevo destierro
más profuso del que mi alma acostumbra.

Te pido piedad, te pido clemencia, un poco de transgresión en tu rol de intachable amador astronómico
y desclávame de mis demencias por una sola tarde
en la etapa de curva estoy en picada y no me quedan chozas donde guarecerme
y la fe me tirita los pies y se me agota cada vez que dibujo
mis huellas en las corbatas que atildan
los palcos y las terrazas de los excomulgados.