martes, 2 de febrero de 2010

La mirada de los cuadros


Hemoglobina de los ápices
en las fauces del lactante
que dice cosas
y no se asusta
que conmemora el fuego

y amenaza
e intimida gritando

su corazón.

Vamos por el trazo del hacha
y recojamos la nota que nos deja
en ese paso funesto y filantrópico
de hacer brillar lo invisible
de hacer bordar lo soñado
por aquella mirada
del buey que implora al sol.

A esa mano llena de tiza
se le untan los átomos que bajan
cayendo tristemente
en el umbral de una sílaba

labrada
en las sabanas del espanto.

Aceleraciones

Traqueotomía de los vórtices cuando arrasan como fuego
Llenos de aspaviento
Completos de osadía.

¿Quién roza zumbando este aterido corazón?
¿Quién azota furibundo la inocencia del cometa?
¿Quién levanta con su mirada al comendador?
Saquemos una silla para que se caiga
Y deje el nido este señor
El bebedor, el aniquilador, el usurpador de las playas
donde puse mi frente
recostada en las espinas.

En esta nube solitaria
Será la vid enceguecida
De los cortesanos y de la daga y de la espuma
Y de este libro abierto y destemplado con el que acaricio tu voz
Boreal y enigmático.

Bostezan anegados los oscuros hoplitas
que vuelven silenciosos
portando negras espigas
hacía la línea de fuego.