martes, 22 de diciembre de 2009

Tranca las puertas,
cierra las ventanas.
Nadie ha de molestarnos.
Entremos a la espesura,
más adentro.
Tú eres la única
y estarás conmigo, con nadie,
con todos, con cualquiera.
Afianzas mi corazón con clavos
para que no se mueva.
Arrasarás los campos,
triturarás su hierba
con tu doble hilera de dientes,
los echarás al viento
y serán dispersados como polvo
todos los corazones.
Pues ellos no valen nada,
nada son sus obras,
y sus vidas, nada y vacío.
Has conocido a muchos,
pero no has amado a ninguno.
Ahora viene tu condena:
verás cómo avanza la gigantesca ola
y no podrás detenerla,
porque ya está aquí
y te engulle.
Este fuego te devoró,
te consumió son que lo notaras,
y cuando te diste cuenta
ya no eras nadie.
Nada.
Pero yo pago multitudes
en rescate por tu vida;
entrego pueblos enteros
para que tú me pertenezcas.
Porque tienes mi misma sangre
y mi carne es la tuya.
Abriré un camino en tu soledad
para llegar a tu mismo centro,
y allí estableceré mi tienda,
beberé la miel y la sal de tus labios.
Se abrirán tus ojos
y veré en tus pupilas
lo que llevo en mis entrañas dibujado.
Estabas sobre mí
y te desdoblaste
y yo me desdoblé conjuntamente,
después volviste a hacerlo
y yo también,
y no fuimos ya dos
sino quince.

INTERVENCIONES

Pierna 25.000
Cabeza 48.720
Estómago 226.145
Corazón (1) 480.520
Corazón (2) 1.500.000
Hígado (1) 28.000
Hígado (2) 28.000
Hígado (3) 28.000
Hígado (4) 80.500
Hígado (5) 180.920

Mejor no sumo.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Pienso (retocado)

Pienso
si no será mejor
ver la vida desde la ventana,
no involucrarse,
no volver a estar vivo.
Por eso veo la vida
desde la barrera,
frente a tu silla llena de ausencia.

Esta media botella vacía
te pertenece.

Pero ¡qué delicia sentirme abandonado
por haber sido amado antes!
¡qué delicia desangrarme lentamente
por la ofrenda traidora de un corazón!

Equilibrios en el borde del vaso,
en el borde del beso,
en el borde del verso.

Corazón de carne
en medio de un paisaje plástico.

Me estoy royendo el corazón
para escapar así, incompleto,
del cepo.

Brindando con un fantasma,
con tu ausencia.
Pido una botella para dos
y sólo sirvo un vaso:
sé que no estás aquí.
Me duele tanto
este vaso vacío frente a mí,
esta silla vacía,
el bar lleno de anónimos,
una soledad poblada de aullidos.
Sí, me atreví a entrar sin tí,
a sentarme en nuestra mesa,
a pedir nuestra bebida,
a beberme tu ausencia
a vivirme tu ausencia
a morirme tu ausencia.

(retocado el 17/12/2009)

miércoles, 16 de diciembre de 2009

CAVERNA

Dirás, a media tarde
registrando las siluetas
de la abrupta anatomía
por la lujuria perdida tras la acequia:
"yo te vi poblar la tierra"
y pensé en ambos
cuando tu ombligo hizo erupción
y mi canto rebotaba en las cóncavas
primigenias formas
que en tu vientre
un celestial ojo habitaba.
OCEANICA I

Tú, que tienes algas en los labios
Y tienes escamas
Y miras tan suave
Como que no fueras
Estiras tu sábana verde
De espumosos flecos
Para dormir
Sobre las olas
Lanzando besos
Al abrir y cerrar las pestañas


OCEANICA II

De tanto mirarte
Bajo los ojos
Tenías escrita
Sólo una línea
Grabada de mí
Tan larga como tus silencios
Y estabas lejana
Tan, pero tan lejana
Que tenues sobre tus pestañas
Se esfumaban diminutas
Las embarcaciones

lunes, 14 de diciembre de 2009

La muerte es poco para desearte:
espero que sufras lo indecible,
espero que se te destroce el alma,
que los perros devoren tu corazón,
que toda la estulticia humana
caiga sobre tí en un segundo
y te aplaste contra el suelo.
Te deseo lo peor:
la tortura más estúpida y dolorosa,
los paseos vacíos pisando clavos,
las tardes consumidas en azul y aullido,
las roturas, los quiebres, las ausencias.

Cómo es posible que lo que me mata
me dé la vida.

La muerte es poco para desearte:
espero que te consumas lentamente,
espero que te seques hasta el polvo,
que no quede rastro de tu nombre,
que todo tu recuerdo sea borrado
como las nubes se deshacen en el cielo,
borrado como la fidelidad.
Te deseo lo peor:
no reconocer tu nombre,
tu olor, tu mirada, tu saliva.

No pienso soltarte fácilmente
sin haberte maldecido antes,
sin desearte un infierno
en tu cielo prefabricado y yerto,
sin haber escupido a tu dios
y pisoteado tus creencias.
No pienso soltarte
sin haber quemado tu carne
porcelana, sin despeñar
tu cuerpo por riscos y espinos,
sin abrirte en canal
y lentamente
estrujarte el hígado,
mancharme las manos
en tu sangre, en lo ácido de tu cuerpo,
en lo oscuro, en el filo
astillado
de tus huesos.

No voy a sacarte de mi soledad
y la muerte es poco para desearte.