lunes, 14 de diciembre de 2009

La muerte es poco para desearte:
espero que sufras lo indecible,
espero que se te destroce el alma,
que los perros devoren tu corazón,
que toda la estulticia humana
caiga sobre tí en un segundo
y te aplaste contra el suelo.
Te deseo lo peor:
la tortura más estúpida y dolorosa,
los paseos vacíos pisando clavos,
las tardes consumidas en azul y aullido,
las roturas, los quiebres, las ausencias.

Cómo es posible que lo que me mata
me dé la vida.

La muerte es poco para desearte:
espero que te consumas lentamente,
espero que te seques hasta el polvo,
que no quede rastro de tu nombre,
que todo tu recuerdo sea borrado
como las nubes se deshacen en el cielo,
borrado como la fidelidad.
Te deseo lo peor:
no reconocer tu nombre,
tu olor, tu mirada, tu saliva.

No pienso soltarte fácilmente
sin haberte maldecido antes,
sin desearte un infierno
en tu cielo prefabricado y yerto,
sin haber escupido a tu dios
y pisoteado tus creencias.
No pienso soltarte
sin haber quemado tu carne
porcelana, sin despeñar
tu cuerpo por riscos y espinos,
sin abrirte en canal
y lentamente
estrujarte el hígado,
mancharme las manos
en tu sangre, en lo ácido de tu cuerpo,
en lo oscuro, en el filo
astillado
de tus huesos.

No voy a sacarte de mi soledad
y la muerte es poco para desearte.

1 comentario:

  1. Asombroso(como la vida, intensa en la subida y el descenso, no???)
    " No pienso soltarte antes de..."
    "... despeñar tu cuerpo por..."
    son buenísimos.

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