Por ahora, deseo que todo vaya bien en vuestras vidas!!
domingo, 28 de agosto de 2011
martes, 14 de septiembre de 2010
Dios I
Aura del cometa que pasa
o formador del sueño, masajeador de los bordes
roza tu vuelo la mirada de las ecuaciones
y en la cintura mis rutinarios lamentos
que empujan los lunes como la penumbra los atardeceres
cuando las sombras forman coágulos en esta ciudad maldita.
No serán niñerías por tu voz voluptuosa
que implora como las galerías olvidadas
o en contraposición a mis sospechas aúllas en los baldíos
donde la nada te pesa tanto
que de tu boca zarpan asteroides y hoyos negros hacia
la inmensidad del ocaso.
Arrúgate dios te lo pido, recuerda esa piel de hombre
porque una palabra tuya bastará para volverme loco de pena
tantas veces mire tus nudillos plagados de callos y pedazos de vidrio
dando suspiros de géisers en la soledad absoluta de las celdas
en que resucitabas.
Resuena en mi mente un grito de amor, miles de gritos de amor invocándote
fieras que se sentían cómplices en tu actitud antropófaga
me aparecerán en muchas formas, ya te aviso, no lo rehuyo
tu manto poblado de obscenidades
o de tanto realizar pecados me mires nervioso o me condenes a un nuevo destierro
más profuso del que mi alma acostumbra.
Te pido piedad, te pido clemencia, un poco de transgresión en tu rol de intachable amador astronómico
y desclávame de mis demencias por una sola tarde
en la etapa de curva estoy en picada y no me quedan chozas donde guarecerme
y la fe me tirita los pies y se me agota cada vez que dibujo
mis huellas en las corbatas que atildan
los palcos y las terrazas de los excomulgados.
o formador del sueño, masajeador de los bordes
roza tu vuelo la mirada de las ecuaciones
y en la cintura mis rutinarios lamentos
que empujan los lunes como la penumbra los atardeceres
cuando las sombras forman coágulos en esta ciudad maldita.
No serán niñerías por tu voz voluptuosa
que implora como las galerías olvidadas
o en contraposición a mis sospechas aúllas en los baldíos
donde la nada te pesa tanto
que de tu boca zarpan asteroides y hoyos negros hacia
la inmensidad del ocaso.
Arrúgate dios te lo pido, recuerda esa piel de hombre
porque una palabra tuya bastará para volverme loco de pena
tantas veces mire tus nudillos plagados de callos y pedazos de vidrio
dando suspiros de géisers en la soledad absoluta de las celdas
en que resucitabas.
Resuena en mi mente un grito de amor, miles de gritos de amor invocándote
fieras que se sentían cómplices en tu actitud antropófaga
me aparecerán en muchas formas, ya te aviso, no lo rehuyo
tu manto poblado de obscenidades
o de tanto realizar pecados me mires nervioso o me condenes a un nuevo destierro
más profuso del que mi alma acostumbra.
Te pido piedad, te pido clemencia, un poco de transgresión en tu rol de intachable amador astronómico
y desclávame de mis demencias por una sola tarde
en la etapa de curva estoy en picada y no me quedan chozas donde guarecerme
y la fe me tirita los pies y se me agota cada vez que dibujo
mis huellas en las corbatas que atildan
los palcos y las terrazas de los excomulgados.
martes, 22 de junio de 2010
Ese poema
Sólo a ti te escribo
No sé arrebatarle otro rostro a la inspiración
Me consta que era también tuyo ese poema
Que irrumpió, anoche, mientras dormía
Me miró inquisitivo
Reclamando un minuto de gloria
De euforia
De fuego
Tendré que recuperarlo en tu boca:
De tu piel se levantará sin sueño.
No sé arrebatarle otro rostro a la inspiración
Me consta que era también tuyo ese poema
Que irrumpió, anoche, mientras dormía
Me miró inquisitivo
Reclamando un minuto de gloria
De euforia
De fuego
Tendré que recuperarlo en tu boca:
De tu piel se levantará sin sueño.
A manos llenas
Adoro mirarte en medio del silencio
(aunque tú no entiendas bien mi contemplación).
Que existas para mí.
Que seas mi paraíso terrestre.
Amo tus historias.
Tus remembranzas.
Recorrer de nuevo contigo esas calles.
Hilvanar fragmentos descosidos del tiempo.
Que me mires.
Que sonrías.
Que tus manos me hablen en su roce sereno.
Aquí estoy
(y aquí estaré siempre).
Desafiando las horas.
Afrentando descaradamente la tiranía del olvido.
Para darte a manos llenas la vida
O para devolvértela, no sé.
(aunque tú no entiendas bien mi contemplación).
Que existas para mí.
Que seas mi paraíso terrestre.
Amo tus historias.
Tus remembranzas.
Recorrer de nuevo contigo esas calles.
Hilvanar fragmentos descosidos del tiempo.
Que me mires.
Que sonrías.
Que tus manos me hablen en su roce sereno.
Aquí estoy
(y aquí estaré siempre).
Desafiando las horas.
Afrentando descaradamente la tiranía del olvido.
Para darte a manos llenas la vida
O para devolvértela, no sé.
XIX
¿Nunca te acorrala algún tortuoso pensamiento?
Sé que no eres hombre de remembranzas,
pero tengo la certeza de haberme quedado en tu memoria.
Sé que no eres hombre de remembranzas,
pero tengo la certeza de haberme quedado en tu memoria.
XXVIII
En tu ausencia todos los dolores son eternos.
(Los recuerdos te buscan desquiciando la memoria).
Mi cuerpo es un torrente loco que golpea solitarias geografías.
Mi sonrisa, una ilusión errante en busca de fecundas primaveras.
Una maraña de raíces sometidas a la tierra, mi cabello.
Y mi boca, una huella solitaria que aguarda la caricia salada mar.
(Los recuerdos te buscan desquiciando la memoria).
Mi cuerpo es un torrente loco que golpea solitarias geografías.
Mi sonrisa, una ilusión errante en busca de fecundas primaveras.
Una maraña de raíces sometidas a la tierra, mi cabello.
Y mi boca, una huella solitaria que aguarda la caricia salada mar.
Muere también la flor
Caen las hojas.
Muere también la flor.
Los árboles se acurrucan buscando el calor que les robó el otoño.
Los reproches se inquietan.
Los sentimientos reclaman su turno.
El hastío no se cansa de fumar.
Las sonrisas no tienen ganas de ganarle a la muerte.
Merodean las promesas inflingidas.
Los recuerdos se vuelven a mirarme, despiadados.
De mi boca fluyen a sangrientos borbotones nombres de hijos que no llegaron.
Muere también la flor.
Los árboles se acurrucan buscando el calor que les robó el otoño.
Los reproches se inquietan.
Los sentimientos reclaman su turno.
El hastío no se cansa de fumar.
Las sonrisas no tienen ganas de ganarle a la muerte.
Merodean las promesas inflingidas.
Los recuerdos se vuelven a mirarme, despiadados.
De mi boca fluyen a sangrientos borbotones nombres de hijos que no llegaron.
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