Caen las hojas.
Muere también la flor.
Los árboles se acurrucan buscando el calor que les robó el otoño.
Los reproches se inquietan.
Los sentimientos reclaman su turno.
El hastío no se cansa de fumar.
Las sonrisas no tienen ganas de ganarle a la muerte.
Merodean las promesas inflingidas.
Los recuerdos se vuelven a mirarme, despiadados.
De mi boca fluyen a sangrientos borbotones nombres de hijos que no llegaron.
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