lunes, 26 de octubre de 2009

El último eclipse de las palabras

El descubrimiento arqueológico de mis palabras, fue un soplo hacia mí empolvada alma. Cuantas veces las ideas supieron a colores, y mis pensamientos llegaban escucharse. Cuantos puntos se creían un círculo entero. Y es que las letras seducen y reverberan, como este eclipse que nace de mi mano, pero también distorsionan y la realidad es en realidad una simple niebla opaca. Como confundir unos monopensamientos con la multivida que se presenta día a día, día a noche, noche a noche y noche a día. No existe la rutina, sino cajas que intentan encerrar el Infinito. Somos catálogos catalogados que se dedican a catalogar el mundo para que él no nos devore. Pero olvidamos que el alimento se hace uno con el alimentado. Uno mi mirada con tus ojos. Uno la luna con las ramas del árbol que la sostienen. Tal vez la locura realmente sea la cordura, y ya convertirlo en pensamiento es un crimen. Criminales los poetas encerrados en estos ácidos símbolos: la poesía se siente, no se lee. Poeta son las nubes con su espuma y el perro ladrando al auto; poeta es mi piel, quien masturba el silencio. Este es el último suicidio de las palabras. Deja de leer y sale a la calle.

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