Tranca las puertas,
cierra las ventanas.
Nadie ha de molestarnos.
Entremos a la espesura,
más adentro.
Tú eres la única
y estarás conmigo, con nadie,
con todos, con cualquiera.
Afianzas mi corazón con clavos
para que no se mueva.
Arrasarás los campos,
triturarás su hierba
con tu doble hilera de dientes,
los echarás al viento
y serán dispersados como polvo
todos los corazones.
Pues ellos no valen nada,
nada son sus obras,
y sus vidas, nada y vacío.
Has conocido a muchos,
pero no has amado a ninguno.
Ahora viene tu condena:
verás cómo avanza la gigantesca ola
y no podrás detenerla,
porque ya está aquí
y te engulle.
Este fuego te devoró,
te consumió son que lo notaras,
y cuando te diste cuenta
ya no eras nadie.
Nada.
Pero yo pago multitudes
en rescate por tu vida;
entrego pueblos enteros
para que tú me pertenezcas.
Porque tienes mi misma sangre
y mi carne es la tuya.
Abriré un camino en tu soledad
para llegar a tu mismo centro,
y allí estableceré mi tienda,
beberé la miel y la sal de tus labios.
Se abrirán tus ojos
y veré en tus pupilas
lo que llevo en mis entrañas dibujado.
martes, 22 de diciembre de 2009
INTERVENCIONES
Pierna 25.000
Cabeza 48.720
Estómago 226.145
Corazón (1) 480.520
Corazón (2) 1.500.000
Hígado (1) 28.000
Hígado (2) 28.000
Hígado (3) 28.000
Hígado (4) 80.500
Hígado (5) 180.920
Mejor no sumo.
Cabeza 48.720
Estómago 226.145
Corazón (1) 480.520
Corazón (2) 1.500.000
Hígado (1) 28.000
Hígado (2) 28.000
Hígado (3) 28.000
Hígado (4) 80.500
Hígado (5) 180.920
Mejor no sumo.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Pienso (retocado)
Pienso
si no será mejor
ver la vida desde la ventana,
no involucrarse,
no volver a estar vivo.
Por eso veo la vida
desde la barrera,
frente a tu silla llena de ausencia.
Esta media botella vacía
te pertenece.
Pero ¡qué delicia sentirme abandonado
por haber sido amado antes!
¡qué delicia desangrarme lentamente
por la ofrenda traidora de un corazón!
Equilibrios en el borde del vaso,
en el borde del beso,
en el borde del verso.
Corazón de carne
en medio de un paisaje plástico.
Me estoy royendo el corazón
para escapar así, incompleto,
del cepo.
Brindando con un fantasma,
con tu ausencia.
Pido una botella para dos
y sólo sirvo un vaso:
sé que no estás aquí.
Me duele tanto
este vaso vacío frente a mí,
esta silla vacía,
el bar lleno de anónimos,
una soledad poblada de aullidos.
Sí, me atreví a entrar sin tí,
a sentarme en nuestra mesa,
a pedir nuestra bebida,
a beberme tu ausencia
a vivirme tu ausencia
a morirme tu ausencia.
(retocado el 17/12/2009)
si no será mejor
ver la vida desde la ventana,
no involucrarse,
no volver a estar vivo.
Por eso veo la vida
desde la barrera,
frente a tu silla llena de ausencia.
Esta media botella vacía
te pertenece.
Pero ¡qué delicia sentirme abandonado
por haber sido amado antes!
¡qué delicia desangrarme lentamente
por la ofrenda traidora de un corazón!
Equilibrios en el borde del vaso,
en el borde del beso,
en el borde del verso.
Corazón de carne
en medio de un paisaje plástico.
Me estoy royendo el corazón
para escapar así, incompleto,
del cepo.
Brindando con un fantasma,
con tu ausencia.
Pido una botella para dos
y sólo sirvo un vaso:
sé que no estás aquí.
Me duele tanto
este vaso vacío frente a mí,
esta silla vacía,
el bar lleno de anónimos,
una soledad poblada de aullidos.
Sí, me atreví a entrar sin tí,
a sentarme en nuestra mesa,
a pedir nuestra bebida,
a beberme tu ausencia
a vivirme tu ausencia
a morirme tu ausencia.
(retocado el 17/12/2009)
miércoles, 16 de diciembre de 2009
CAVERNA
Dirás, a media tarde
registrando las siluetas
de la abrupta anatomía
por la lujuria perdida tras la acequia:
"yo te vi poblar la tierra"
y pensé en ambos
cuando tu ombligo hizo erupción
y mi canto rebotaba en las cóncavas
primigenias formas
que en tu vientre
un celestial ojo habitaba.
registrando las siluetas
de la abrupta anatomía
por la lujuria perdida tras la acequia:
"yo te vi poblar la tierra"
y pensé en ambos
cuando tu ombligo hizo erupción
y mi canto rebotaba en las cóncavas
primigenias formas
que en tu vientre
un celestial ojo habitaba.
OCEANICA I
Tú, que tienes algas en los labios
Y tienes escamas
Y miras tan suave
Como que no fueras
Estiras tu sábana verde
De espumosos flecos
Para dormir
Sobre las olas
Lanzando besos
Al abrir y cerrar las pestañas
OCEANICA II
De tanto mirarte
Bajo los ojos
Tenías escrita
Sólo una línea
Grabada de mí
Tan larga como tus silencios
Y estabas lejana
Tan, pero tan lejana
Que tenues sobre tus pestañas
Se esfumaban diminutas
Las embarcaciones
Tú, que tienes algas en los labios
Y tienes escamas
Y miras tan suave
Como que no fueras
Estiras tu sábana verde
De espumosos flecos
Para dormir
Sobre las olas
Lanzando besos
Al abrir y cerrar las pestañas
OCEANICA II
De tanto mirarte
Bajo los ojos
Tenías escrita
Sólo una línea
Grabada de mí
Tan larga como tus silencios
Y estabas lejana
Tan, pero tan lejana
Que tenues sobre tus pestañas
Se esfumaban diminutas
Las embarcaciones
lunes, 14 de diciembre de 2009
La muerte es poco para desearte:
espero que sufras lo indecible,
espero que se te destroce el alma,
que los perros devoren tu corazón,
que toda la estulticia humana
caiga sobre tí en un segundo
y te aplaste contra el suelo.
Te deseo lo peor:
la tortura más estúpida y dolorosa,
los paseos vacíos pisando clavos,
las tardes consumidas en azul y aullido,
las roturas, los quiebres, las ausencias.
Cómo es posible que lo que me mata
me dé la vida.
La muerte es poco para desearte:
espero que te consumas lentamente,
espero que te seques hasta el polvo,
que no quede rastro de tu nombre,
que todo tu recuerdo sea borrado
como las nubes se deshacen en el cielo,
borrado como la fidelidad.
Te deseo lo peor:
no reconocer tu nombre,
tu olor, tu mirada, tu saliva.
No pienso soltarte fácilmente
sin haberte maldecido antes,
sin desearte un infierno
en tu cielo prefabricado y yerto,
sin haber escupido a tu dios
y pisoteado tus creencias.
No pienso soltarte
sin haber quemado tu carne
porcelana, sin despeñar
tu cuerpo por riscos y espinos,
sin abrirte en canal
y lentamente
estrujarte el hígado,
mancharme las manos
en tu sangre, en lo ácido de tu cuerpo,
en lo oscuro, en el filo
astillado
de tus huesos.
No voy a sacarte de mi soledad
y la muerte es poco para desearte.
espero que sufras lo indecible,
espero que se te destroce el alma,
que los perros devoren tu corazón,
que toda la estulticia humana
caiga sobre tí en un segundo
y te aplaste contra el suelo.
Te deseo lo peor:
la tortura más estúpida y dolorosa,
los paseos vacíos pisando clavos,
las tardes consumidas en azul y aullido,
las roturas, los quiebres, las ausencias.
Cómo es posible que lo que me mata
me dé la vida.
La muerte es poco para desearte:
espero que te consumas lentamente,
espero que te seques hasta el polvo,
que no quede rastro de tu nombre,
que todo tu recuerdo sea borrado
como las nubes se deshacen en el cielo,
borrado como la fidelidad.
Te deseo lo peor:
no reconocer tu nombre,
tu olor, tu mirada, tu saliva.
No pienso soltarte fácilmente
sin haberte maldecido antes,
sin desearte un infierno
en tu cielo prefabricado y yerto,
sin haber escupido a tu dios
y pisoteado tus creencias.
No pienso soltarte
sin haber quemado tu carne
porcelana, sin despeñar
tu cuerpo por riscos y espinos,
sin abrirte en canal
y lentamente
estrujarte el hígado,
mancharme las manos
en tu sangre, en lo ácido de tu cuerpo,
en lo oscuro, en el filo
astillado
de tus huesos.
No voy a sacarte de mi soledad
y la muerte es poco para desearte.
martes, 8 de diciembre de 2009
Pienso
si no será mejor
ver la vida desde la ventana,
no involucrarse,
no volver a estar vivo.
Por eso veo la vida
desde la barrera,
frente a tu silla llena de ausencia.
Esta media botella vacía
te pertenece.
Pero ¡qué delicia sentirse abandonado
por haber sido amado antes!
¡qué delicia desangrarse lentamente
por la ofrenda traidora de un corazón!
Equilibrios en el borde del vaso,
en el borde del beso,
en el borde del verso.
Corazón de carne
en medio de un paisaje plástico.
Me estoy royendo el corazón
para escapar así, incompleto,
del cepo.
Brindando con un fantasma,
con tu fantasma,
tu ausencia.
Alzo mi vaso y desearía
que todo hubiera sido
de otra forma.
Pido una botella para dos
y sólo sirvo un vaso.
Sé que no estás aquí,
que estuviste un día frente a mí,
pero que ya nunca volverás a estar.
Y me duele tanto
este vaso vacío frente a mí,
esta silla vacía,
el bar lleno de anónimos,
una soledad poblada de aullidos.
Sí, me atreví a entrar sin tí,
a sentarme en nuestra mesa,
a pedir nuestra bebida,
a beberme tu ausencia
a vivirme tu ausencia
a morirme tu ausencia.
06/12/2009
si no será mejor
ver la vida desde la ventana,
no involucrarse,
no volver a estar vivo.
Por eso veo la vida
desde la barrera,
frente a tu silla llena de ausencia.
Esta media botella vacía
te pertenece.
Pero ¡qué delicia sentirse abandonado
por haber sido amado antes!
¡qué delicia desangrarse lentamente
por la ofrenda traidora de un corazón!
Equilibrios en el borde del vaso,
en el borde del beso,
en el borde del verso.
Corazón de carne
en medio de un paisaje plástico.
Me estoy royendo el corazón
para escapar así, incompleto,
del cepo.
Brindando con un fantasma,
con tu fantasma,
tu ausencia.
Alzo mi vaso y desearía
que todo hubiera sido
de otra forma.
Pido una botella para dos
y sólo sirvo un vaso.
Sé que no estás aquí,
que estuviste un día frente a mí,
pero que ya nunca volverás a estar.
Y me duele tanto
este vaso vacío frente a mí,
esta silla vacía,
el bar lleno de anónimos,
una soledad poblada de aullidos.
Sí, me atreví a entrar sin tí,
a sentarme en nuestra mesa,
a pedir nuestra bebida,
a beberme tu ausencia
a vivirme tu ausencia
a morirme tu ausencia.
06/12/2009
domingo, 6 de diciembre de 2009
Mi casa es un puto laberinto. Cada vez que entro ya puedo despedirme de encontrar la salida. Todo me es ajeno. Todo yo soy extraño para mí mismo. No reconozco pasillos, ni puertas, ni habitaciones. Me asomo a las ventanas y no sé dónde estoy: ¿qué es este paisaje? Deambulo errante por las estancias mal iluminadas, llenas de susurros o de suspiros. Se me pasan las horas y aún no tengo ninguna referencia ni sé dónde aferrarme. Pierdo la noción del tiempo y la distancia. Me siento cansado, aburrido. En una silla de madera me siento. Sopeso las alternativas: ¿busco la salida o me adentro más?
Mi casa está vacía. Al menos esta parte. Aunque a veces veo sombras que se pierden por los rincones. Pero no estoy seguro de que sean personas; son simplemente eso: sombras. Pasan dejando una estela cálida y un escalofrío en mi corazón, pero no perduran. Nada hay en mi casa que deje una huella indeleble. Todo es fugaz, todo se borra.
Hay láminas colgadas en las paredes: fotografías, cuadros, antiguos poemas. A veces encuentro algún espejo, pero no refleja nada.
Con frecuencia he deseado que mi casa se llenara de vida, de color; pero supongo que dejaría de ser mi casa para convertirse en un engendro más ajeno a mí de lo que ya lo es. Y así encuentro un atajo: salto por una ventana a un paisaje desconocido y arrasado, para descansar un rato o para salir de mí mismo o para morir. Sólo para volver a entrar más tarde por una de las cuarenta puertas (o uno de los boquetes en la muralla) y reanudar este peregrinar laberíntico que me lleve al espejo de cuerpo entero donde enfrentaré al minotauro.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Huye
Haz que la gente te saque de Nürenberg
asusta a las sombras con la luz de tus ojos
sal desnudo corriendo por los bares
dile al centinela que descuide tu ropa
que no volverás.
Y no mires atrás
no desistas del puñal que te cargan
o la deslucida voz que te ata a la distancia
porque los adoquines son manos con que las plantas en sus vidrieras
recogen la resina del subsuelo
Haz que la gente te saque de Nürenberg
arremete con furia sobre el lomo del tranvía
entierra tus lápidas en los confines de sus voces
que las balas que escuchas tras tus pasos no son balas
son llamas de hombres que se alejan.
Haz que la gente te saque de Nürenberg
asusta a las sombras con la luz de tus ojos
sal desnudo corriendo por los bares
dile al centinela que descuide tu ropa
que no volverás.
Y no mires atrás
no desistas del puñal que te cargan
o la deslucida voz que te ata a la distancia
porque los adoquines son manos con que las plantas en sus vidrieras
recogen la resina del subsuelo
Haz que la gente te saque de Nürenberg
arremete con furia sobre el lomo del tranvía
entierra tus lápidas en los confines de sus voces
que las balas que escuchas tras tus pasos no son balas
son llamas de hombres que se alejan.
En la recamara de la señorita Händlmaier
Las tristes muñecas que no pueden mirar
por la luz de la claraboya que vierte sus rayos en el abismo
juegan en el carrusel sobre el espejo
y frente a ellas poseída
lava su vientre la señorita Händlmaier
lava la semilla de espanto que carga en sus entrañas.
Desperdigado sobre el espacio de sus cuadros
clava criaturas de hielo
evita pensar en el espacio de las bombas
para dejar en hipnosis los planeadores
Que vierten nubes como ladrillos humeantes
Tras su viejo libro de Hölderling
guarda las cartas de su amado
y las mira de reojo, en el espacio que le deja la lágrima
que como un zeppelín se desploma
colgado de sus pestañas
El manatí que bufa consternado junto a su alcoba
no hace más que decirle que le deje partir
pero las fosas cavadas en derredor
están pobladas de cebras compactas
que no le dejan huir
aunque quiera
aunque no se pueda con la cítara de cuerdas espinosas
y en su paso lo azoten los cuernos de la noche
y se cuelguen de sus aletas las carteras de lamentos
que le niegan el mar
Es en su compañía señorita Händlmaier
en que las duchas llenan el espacio de tintas brillantes
y la algarabía nos contagia a todos
los que estamos flotando en descenso interminable
y vemos una luz que nos guía
hacia un rincón donde su sonrisa no termina jamás
"Ein Mann wohnt im haus der spielt mit den Schlangen der schreibt
der schreibt wenn es dunkelt nach Deutschland dein goldenes Haar Margarete", Todesfuge Paul Celan
Las tristes muñecas que no pueden mirar
por la luz de la claraboya que vierte sus rayos en el abismo
juegan en el carrusel sobre el espejo
y frente a ellas poseída
lava su vientre la señorita Händlmaier
lava la semilla de espanto que carga en sus entrañas.
Desperdigado sobre el espacio de sus cuadros
clava criaturas de hielo
evita pensar en el espacio de las bombas
para dejar en hipnosis los planeadores
Que vierten nubes como ladrillos humeantes
Tras su viejo libro de Hölderling
guarda las cartas de su amado
y las mira de reojo, en el espacio que le deja la lágrima
que como un zeppelín se desploma
colgado de sus pestañas
El manatí que bufa consternado junto a su alcoba
no hace más que decirle que le deje partir
pero las fosas cavadas en derredor
están pobladas de cebras compactas
que no le dejan huir
aunque quiera
aunque no se pueda con la cítara de cuerdas espinosas
y en su paso lo azoten los cuernos de la noche
y se cuelguen de sus aletas las carteras de lamentos
que le niegan el mar
Es en su compañía señorita Händlmaier
en que las duchas llenan el espacio de tintas brillantes
y la algarabía nos contagia a todos
los que estamos flotando en descenso interminable
y vemos una luz que nos guía
hacia un rincón donde su sonrisa no termina jamás
miércoles, 2 de diciembre de 2009
EL ROSTRO DEL SUR
Hoy la lluvia tiene el rostro del sur:
El color de los abedules.
La prestancia de los eucaliptus.
El arrebato de los castaños.
La mansedumbre del sauce.
La fragilidad de la azalea.
La tolerancia morada de las lilas.
El atrevimiento dulce de las zarzamoras.
¿Pero qué haces tú enredado en mis recuerdos?
¿Acaso te miré, sin verte, en alguna esquina de mi infancia?
Los rostros del ayer saludan dulcemente.
Las calles corretean a empujones.
El avellano salpica el mediodía con su canto redondeado.
La rosa peonía no se asusta con la lluvia.
Mientras el manto de eva guarda silencio,
los copihues asaltan mi remembranza
para instalar allí su autóctona sonrisa.
Hoy la lluvia tiene el rostro del sur:
El color de los abedules.
La prestancia de los eucaliptus.
El arrebato de los castaños.
La mansedumbre del sauce.
La fragilidad de la azalea.
La tolerancia morada de las lilas.
El atrevimiento dulce de las zarzamoras.
¿Pero qué haces tú enredado en mis recuerdos?
¿Acaso te miré, sin verte, en alguna esquina de mi infancia?
Los rostros del ayer saludan dulcemente.
Las calles corretean a empujones.
El avellano salpica el mediodía con su canto redondeado.
La rosa peonía no se asusta con la lluvia.
Mientras el manto de eva guarda silencio,
los copihues asaltan mi remembranza
para instalar allí su autóctona sonrisa.
A contra luz
De nuevo tú
Rueda incesante
Árbol caduco que camina sobre mí
Relámpago rojo dentro del búho cardiaco
Alcanzando al fuego:
Sumérgete en sus tobillos
Clava las uñas en los muslos
Rodea sus caderas como una serpiente con escamas de espejos
Arráncale la carnecalor
Sin mirarlo
No naufragues como la isla en tu pecho
Ánclate en su garganta
Y graba un par de ojos eléctricos
Ebulliciona e invade sus pulmones
Nunca concedas que te exhale
Penetra sus ojos y perpetúale un silencio volcánico:
Recuerda que el amor muerde
Hazlo tragar una flor de soda cáustica
Y tú
Rueda vacía
Tú come tierra de cementerio
Aliméntate de muerte
Traga sin parar de arcar
¡Tierra tu boca!
Tierra tus ojos y carne sus raíces
Tierra tus pies
Que escalan la negra montaña
Tierra tu rostro
Macetero del mundo
Tierra tu corazón siamés
Traga tierra hasta que dejes de enterrarte
Mastica tu tierra
Más tierra que tierra.
Y tú
Rauda rueda
Podrás buscar tu voz
En el olvido de cenizas
Y en la música bastarda
Podrás interrogar a las arañas que suben por tu garganta
O en las palabras/piedras del camino,
Pero sí en algún tiempo
En que te canses de perforar al sol
Y devorarte su ocaso
Sí existe ese espacio
En el que te quemes la boca
Recuerda mirar a contra luz:
Y te alcanzara el trueno
Que engendró
Tu Nombre.
Rueda incesante
Árbol caduco que camina sobre mí
Relámpago rojo dentro del búho cardiaco
Alcanzando al fuego:
Sumérgete en sus tobillos
Clava las uñas en los muslos
Rodea sus caderas como una serpiente con escamas de espejos
Arráncale la carnecalor
Sin mirarlo
No naufragues como la isla en tu pecho
Ánclate en su garganta
Y graba un par de ojos eléctricos
Ebulliciona e invade sus pulmones
Nunca concedas que te exhale
Penetra sus ojos y perpetúale un silencio volcánico:
Recuerda que el amor muerde
Hazlo tragar una flor de soda cáustica
Y tú
Rueda vacía
Tú come tierra de cementerio
Aliméntate de muerte
Traga sin parar de arcar
¡Tierra tu boca!
Tierra tus ojos y carne sus raíces
Tierra tus pies
Que escalan la negra montaña
Tierra tu rostro
Macetero del mundo
Tierra tu corazón siamés
Traga tierra hasta que dejes de enterrarte
Mastica tu tierra
Más tierra que tierra.
Y tú
Rauda rueda
Podrás buscar tu voz
En el olvido de cenizas
Y en la música bastarda
Podrás interrogar a las arañas que suben por tu garganta
O en las palabras/piedras del camino,
Pero sí en algún tiempo
En que te canses de perforar al sol
Y devorarte su ocaso
Sí existe ese espacio
En el que te quemes la boca
Recuerda mirar a contra luz:
Y te alcanzara el trueno
Que engendró
Tu Nombre.
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