domingo, 29 de noviembre de 2009

Saberte aquí. Saberte cierto. Saber que está aquí, que no te has ido, que nunca te fuiste. Ver cómo las heridas dieron paso a las cicatrices tempranas, lamerse las heridas como un perro apaleado. Volver al pueblo, pasear por el olmedo en silencio, al borde del río. Mirar de nuevo hacia tu ventana, saber la casa vacía. El trigal a mis espaldas extiende su fragor amarillento. Todo está en calma, dentro del ruido de la tarde. A lo lejos, la campana. Las clarisas estarán retirándose a sus celdas. Todavía se oyen los niños en el parque. Son las siete de la tarde. En otro instante serían las once de la noche (en otra vida). El viento me susurra palabras olvidadas. He soltado las amarras, se me han roto las raíces, y he quedado así: a la intemperie. Ahora mismo la existencia apenas vale algo. Reanudo el paseo con la nueva campana. Paso al lado de los muros del convento; las clarisas, ajenas, duermen. Me zambullo de nuevo en el fragor de lo cotidiano, sabiendo que mi vida está en otra parte. Retomo la atención en la carretera, el camino a la multitud, la barbacana. Mas al entrar por el arco te recuerdo y tengo que acelerar mi huida en dirección contraria. Un sanroque me mira con su perro y sus heridas. Alguien pasa en bicicleta y me saluda. A la altura del cine, el recuerdo es ya casi insoportable y me detengo en la relojería. Miro mi imagen reflejada en el escaparate y, cuando continúo mi camino, mi imagen se queda allí, entre los relojes, en el tiempo muerto.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

No te conozco

y has abierto mi carne,

te he entregado mi cuerpo,

has roto mi alma,

has succionado mi vida.

Y no te conozco.





Te has apoderado de mí,

me has hecho tuyo,

y no te conozco.





Lloro por tu ausencia,

gimo por tu olvido,

sufro por tu silencio,

tu árido y abrasador silencio,

y no te conozco.





No te conozco,

pero tú me has elegido.

Y ya soy tuyo.

Para siempre.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Preguntas Ineludibles (Marianela Soto M.)


¿El amor es una gaviota con distancia en las alas?
¿El año que se va, guarda en su bolsillo un silencio retrospectivo?

¿Tiene la almohada una escotilla para tantos secretos?
¿Qué regalos trae la lluvia en su mojada maleta?

¿Desde dónde viaja y cuánto recorre el cotidiano arrepentimiento?
¿Cuándo la esperanza se disfraza de bufón?

¿Tienen insomnio las dudas que deambulan de noche?
¿Cuándo se despierta malhumorado el hoy es porque tuvo pesadillas?

¿Distraen al sol las amapolas cuando abren?
¿Cuál es el verdadero domicilio de la muerte: el fin o el principio?

¿De quién heredó el otoño tanta benevolencia?
¿De dónde sustrajo la noche su oscuridad susurrante?

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Reflejo de una mano con artritis sin el dedo cordial

Me apunto sin compasión
Riéndome
De mis árboles con obsidianas secas
Del cóndor viejo que rechina en mi oreja,
Ladro mis ideas
Y sus triángulos equiláteros
Con menos diámetro que tumba
Igual de podrido que las letras y sus runas
Muerto, remuerto estan los libros que vigilamos en una sala oscura
Callan pero hablan del Mar y sus comienzos, sin embargo
Esconden que sus ríos terminan en estas páginas.
El arlequín viejo vuelve a casa
Se tapa ansioso
De tierra
La nariz
Luego la boca
Y descansa.




Amen

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Ansían ver mis ojos la santificación de la carne.

2007

jueves, 5 de noviembre de 2009

El triunfo de los ríos

Y que tienes para compartir
además de tu puntiaguda vida
perfumada de cielos y de celos y de ceros,
esa laguna que acecha las olas
el volcán que sueña con respirar nubes
en vez de humo y rabia.
Las sombras se alargan hasta los espejos
eyaculan rostros
inyectan águilas en los ojos
se esconden debajo nuestros pies
y oran por El Vuelo. /y Volé/
Sin son con pasos rojos almirante
el volante laberinto quema la retina y se persina
sismando los símbolos sin sombras
chorreando vida por el insuelo
sincero o sin suero da igual
buceo de pozo en pozo rociando
voces transparentes de océano
no paralelos solo bicalores
chupando la teta del Amor, es por eso
porfiado corazón
resistes golpe tras golpe tras golpe y galope para permitir
poderes abanicos
soles espérmicos
zorros rítmicos
SHH!
(susurro) El silencio es la lengua que masturba el alma:
Me queda el ultimo latido
para llamar a otro latido.

martes, 3 de noviembre de 2009

Algo que puede interesarles/interesarnos

Estimadas/os:

Algo que puede interesarles/interesarnos:

http://www.poesia2010.uchile.cl/

Un saludo

lunes, 2 de noviembre de 2009

Mírame estar aquí, en medio de la nada, sostenido por una esperanza vacía; sin excusas, sin coartadas, sin perdones posibles. Sostenido en la nada por un mero impulso del corazón: la certeza de que alguna vez te amé (aunque tú nunca me amaras). Este equilibrio entre existir y extinguirse. Saberme sostenido en una inconsistencia, en un soplo, un suspiro. Me comprometo al desamparo, a la pérdida, al duelo, a la aniquilación, al olvido, a la ausencia, al silencio.

Poco me importa vivir unos segundos o varios siglos, si estoy en tu presencia. Hay gotas de tu sangre en mi alma, eso me basta. Saber que tu cuerpo, tu persona, tu vida, se ha mezclado conmigo hasta las raíces más profundas. Nada se ha perdido. Todo lo conservo en este arca dañado. Eso me basta. Y desearía morir ahora, antes de que el tiempo difumine los contornos de tu rostro en mí.

Beberte a sorbos con avidez, porque en ello me va la vida.

La gente cree que estoy enfermo, poseído, moribundo. Centenares de ojos me rastrean, los ojos de un pulpo al que se le resbala mi amor, los tentáculos fríos y pegajosos de los labios caducos, los amores de compra-venta, las esperanzas de contrabando, las ilusiones de humo, los vacíos. Me río de ellos, de todos ellos. Llevo el volcán en mi interior, suspendido en mi mismo centro, en dos gotas de tu sangre. Toda mi existencia en la ruptura de la fina membrana de estas dos gotas, en el abandono, en la fusión, en la nada.


DISCRETIZACIÓN

En honor a las moscas
a lo putrefacto de su ser
a su tierno aleteo
o a la conmoción en el aire
donde el sol palideció.
A sus espejos diminutos
a sus filamentos
a la transición de sus larvas tras la carne
lo que a zigzagueos enormes se vive
entre agonía y espanto
y que el continuo desea comprender.
O a su arte ecléctico
que la certidumbre fue a la caza
de las ecuaciones que cargaban
al saltar al firmamento
de lo desecho.

Ay moscas, moscas
eventuales, testarudas
como hoyos clavados en el aire.
Ay de mí que les sigo en el acto
de vivir tanto como sea posible
pero, cuanto más me callo
ellas chocan
una y otra vez
como campanadas de movimientos perpetuos
como si el aplauso
fuese a perturbar
los números recostados en los escaparates
y sus carruajes fuesen tirados por lienzos tenaces
que no se dejan ver.

Y amedrentan
con una voz de silabario van por ahí murmurando:
“¿Ah que no sabes por qué estamos aquí?,
¡Ah que no sabes por qué estamos aquí!”
porque yo las quiero
las quiero atrapar y se alejan
formando códigos que en otro tiempo
fueron lenguaje de agua y fuego.