No te conozco
y has abierto mi carne,
te he entregado mi cuerpo,
has roto mi alma,
has succionado mi vida.
Y no te conozco.
Te has apoderado de mí,
me has hecho tuyo,
y no te conozco.
Lloro por tu ausencia,
gimo por tu olvido,
sufro por tu silencio,
tu árido y abrasador silencio,
y no te conozco.
No te conozco,
pero tú me has elegido.
Y ya soy tuyo.
Para siempre.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Es bueno... como todos tus escritos.
ResponderEliminarEn mi opinión: reordenar la última estrofa y terminar con "no te conozco"... tal como comienza... tiene mayor impacto.