
DISCRETIZACIÓN
En honor a las moscas
a lo putrefacto de su ser
a su tierno aleteo
o a la conmoción en el aire
donde el sol palideció.
A sus espejos diminutos
a sus filamentos
a la transición de sus larvas tras la carne
lo que a zigzagueos enormes se vive
entre agonía y espanto
y que el continuo desea comprender.
O a su arte ecléctico
que la certidumbre fue a la caza
de las ecuaciones que cargaban
al saltar al firmamento
de lo desecho.
Ay moscas, moscas
eventuales, testarudas
como hoyos clavados en el aire.
Ay de mí que les sigo en el acto
de vivir tanto como sea posible
pero, cuanto más me callo
ellas chocan
una y otra vez
como campanadas de movimientos perpetuos
como si el aplauso
fuese a perturbar
los números recostados en los escaparates
y sus carruajes fuesen tirados por lienzos tenaces
que no se dejan ver.
Y amedrentan
con una voz de silabario van por ahí murmurando:
“¿Ah que no sabes por qué estamos aquí?,
¡Ah que no sabes por qué estamos aquí!”
porque yo las quiero
las quiero atrapar y se alejan
formando códigos que en otro tiempo
fueron lenguaje de agua y fuego.
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