Sólo a ti te escribo
No sé arrebatarle otro rostro a la inspiración
Me consta que era también tuyo ese poema
Que irrumpió, anoche, mientras dormía
Me miró inquisitivo
Reclamando un minuto de gloria
De euforia
De fuego
Tendré que recuperarlo en tu boca:
De tu piel se levantará sin sueño.
martes, 22 de junio de 2010
A manos llenas
Adoro mirarte en medio del silencio
(aunque tú no entiendas bien mi contemplación).
Que existas para mí.
Que seas mi paraíso terrestre.
Amo tus historias.
Tus remembranzas.
Recorrer de nuevo contigo esas calles.
Hilvanar fragmentos descosidos del tiempo.
Que me mires.
Que sonrías.
Que tus manos me hablen en su roce sereno.
Aquí estoy
(y aquí estaré siempre).
Desafiando las horas.
Afrentando descaradamente la tiranía del olvido.
Para darte a manos llenas la vida
O para devolvértela, no sé.
(aunque tú no entiendas bien mi contemplación).
Que existas para mí.
Que seas mi paraíso terrestre.
Amo tus historias.
Tus remembranzas.
Recorrer de nuevo contigo esas calles.
Hilvanar fragmentos descosidos del tiempo.
Que me mires.
Que sonrías.
Que tus manos me hablen en su roce sereno.
Aquí estoy
(y aquí estaré siempre).
Desafiando las horas.
Afrentando descaradamente la tiranía del olvido.
Para darte a manos llenas la vida
O para devolvértela, no sé.
XIX
¿Nunca te acorrala algún tortuoso pensamiento?
Sé que no eres hombre de remembranzas,
pero tengo la certeza de haberme quedado en tu memoria.
Sé que no eres hombre de remembranzas,
pero tengo la certeza de haberme quedado en tu memoria.
XXVIII
En tu ausencia todos los dolores son eternos.
(Los recuerdos te buscan desquiciando la memoria).
Mi cuerpo es un torrente loco que golpea solitarias geografías.
Mi sonrisa, una ilusión errante en busca de fecundas primaveras.
Una maraña de raíces sometidas a la tierra, mi cabello.
Y mi boca, una huella solitaria que aguarda la caricia salada mar.
(Los recuerdos te buscan desquiciando la memoria).
Mi cuerpo es un torrente loco que golpea solitarias geografías.
Mi sonrisa, una ilusión errante en busca de fecundas primaveras.
Una maraña de raíces sometidas a la tierra, mi cabello.
Y mi boca, una huella solitaria que aguarda la caricia salada mar.
Muere también la flor
Caen las hojas.
Muere también la flor.
Los árboles se acurrucan buscando el calor que les robó el otoño.
Los reproches se inquietan.
Los sentimientos reclaman su turno.
El hastío no se cansa de fumar.
Las sonrisas no tienen ganas de ganarle a la muerte.
Merodean las promesas inflingidas.
Los recuerdos se vuelven a mirarme, despiadados.
De mi boca fluyen a sangrientos borbotones nombres de hijos que no llegaron.
Muere también la flor.
Los árboles se acurrucan buscando el calor que les robó el otoño.
Los reproches se inquietan.
Los sentimientos reclaman su turno.
El hastío no se cansa de fumar.
Las sonrisas no tienen ganas de ganarle a la muerte.
Merodean las promesas inflingidas.
Los recuerdos se vuelven a mirarme, despiadados.
De mi boca fluyen a sangrientos borbotones nombres de hijos que no llegaron.
Amor: Insondable territorio
¿Cuántos te amo pueden nacer en una hora?
¿Qué hazañas caminan tus pies hasta llegar a mi puerta?
¿Dónde duermen las ansias de ti que no se abren al deseo?
¿Cómo se llama la osadía que transgrede los límites de tu espalda?
¿Qué hazañas caminan tus pies hasta llegar a mi puerta?
¿Dónde duermen las ansias de ti que no se abren al deseo?
¿Cómo se llama la osadía que transgrede los límites de tu espalda?
Luminosidad Silvestre
El sol brilla generosamente.
Hacia dónde mire: vida.
En dónde busque: tú.
Tus pasos desafiando todos los caminos.
No quiero pensarte, pero enciendo un cigarrillo
para dibujar con humo tu boca.
La contradicción dormita:
Las manos hurgan en los bolsillos.
La ceniza hiere al mundo como el dolor al silencio.
Este río que atraviesa el paisaje
tiene la misma quietud de tus piernas al marcharse ayer tarde.
En el cielo una pluma blanca.
Un misterio de pie frente a mi asiento.
Los rieles avanzan con velocidad intermitente.
Los carros se quedan suspendidos en la luminosidad silvestre.
Una escuelita, un columpio, un chilco pariendo flores.
Cerezas sin madurar, un ave surcando el viento.
De nuevo el río, que a cada minuto se te parece más:
Su sonrisa fluvial, sus lunares acuosos.
Su fondo pedregoso que maltrata mis pies
y maravilla mis manos, sin embargo.
Hacia dónde mire: vida.
En dónde busque: tú.
Tus pasos desafiando todos los caminos.
No quiero pensarte, pero enciendo un cigarrillo
para dibujar con humo tu boca.
La contradicción dormita:
Las manos hurgan en los bolsillos.
La ceniza hiere al mundo como el dolor al silencio.
Este río que atraviesa el paisaje
tiene la misma quietud de tus piernas al marcharse ayer tarde.
En el cielo una pluma blanca.
Un misterio de pie frente a mi asiento.
Los rieles avanzan con velocidad intermitente.
Los carros se quedan suspendidos en la luminosidad silvestre.
Una escuelita, un columpio, un chilco pariendo flores.
Cerezas sin madurar, un ave surcando el viento.
De nuevo el río, que a cada minuto se te parece más:
Su sonrisa fluvial, sus lunares acuosos.
Su fondo pedregoso que maltrata mis pies
y maravilla mis manos, sin embargo.
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