Tranca las puertas,
cierra las ventanas.
Nadie ha de molestarnos.
Entremos a la espesura,
más adentro.
Tú eres la única
y estarás conmigo, con nadie,
con todos, con cualquiera.
Afianzas mi corazón con clavos
para que no se mueva.
Arrasarás los campos,
triturarás su hierba
con tu doble hilera de dientes,
los echarás al viento
y serán dispersados como polvo
todos los corazones.
Pues ellos no valen nada,
nada son sus obras,
y sus vidas, nada y vacío.
Has conocido a muchos,
pero no has amado a ninguno.
Ahora viene tu condena:
verás cómo avanza la gigantesca ola
y no podrás detenerla,
porque ya está aquí
y te engulle.
Este fuego te devoró,
te consumió son que lo notaras,
y cuando te diste cuenta
ya no eras nadie.
Nada.
Pero yo pago multitudes
en rescate por tu vida;
entrego pueblos enteros
para que tú me pertenezcas.
Porque tienes mi misma sangre
y mi carne es la tuya.
Abriré un camino en tu soledad
para llegar a tu mismo centro,
y allí estableceré mi tienda,
beberé la miel y la sal de tus labios.
Se abrirán tus ojos
y veré en tus pupilas
lo que llevo en mis entrañas dibujado.
martes, 22 de diciembre de 2009
INTERVENCIONES
Pierna 25.000
Cabeza 48.720
Estómago 226.145
Corazón (1) 480.520
Corazón (2) 1.500.000
Hígado (1) 28.000
Hígado (2) 28.000
Hígado (3) 28.000
Hígado (4) 80.500
Hígado (5) 180.920
Mejor no sumo.
Cabeza 48.720
Estómago 226.145
Corazón (1) 480.520
Corazón (2) 1.500.000
Hígado (1) 28.000
Hígado (2) 28.000
Hígado (3) 28.000
Hígado (4) 80.500
Hígado (5) 180.920
Mejor no sumo.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Pienso (retocado)
Pienso
si no será mejor
ver la vida desde la ventana,
no involucrarse,
no volver a estar vivo.
Por eso veo la vida
desde la barrera,
frente a tu silla llena de ausencia.
Esta media botella vacía
te pertenece.
Pero ¡qué delicia sentirme abandonado
por haber sido amado antes!
¡qué delicia desangrarme lentamente
por la ofrenda traidora de un corazón!
Equilibrios en el borde del vaso,
en el borde del beso,
en el borde del verso.
Corazón de carne
en medio de un paisaje plástico.
Me estoy royendo el corazón
para escapar así, incompleto,
del cepo.
Brindando con un fantasma,
con tu ausencia.
Pido una botella para dos
y sólo sirvo un vaso:
sé que no estás aquí.
Me duele tanto
este vaso vacío frente a mí,
esta silla vacía,
el bar lleno de anónimos,
una soledad poblada de aullidos.
Sí, me atreví a entrar sin tí,
a sentarme en nuestra mesa,
a pedir nuestra bebida,
a beberme tu ausencia
a vivirme tu ausencia
a morirme tu ausencia.
(retocado el 17/12/2009)
si no será mejor
ver la vida desde la ventana,
no involucrarse,
no volver a estar vivo.
Por eso veo la vida
desde la barrera,
frente a tu silla llena de ausencia.
Esta media botella vacía
te pertenece.
Pero ¡qué delicia sentirme abandonado
por haber sido amado antes!
¡qué delicia desangrarme lentamente
por la ofrenda traidora de un corazón!
Equilibrios en el borde del vaso,
en el borde del beso,
en el borde del verso.
Corazón de carne
en medio de un paisaje plástico.
Me estoy royendo el corazón
para escapar así, incompleto,
del cepo.
Brindando con un fantasma,
con tu ausencia.
Pido una botella para dos
y sólo sirvo un vaso:
sé que no estás aquí.
Me duele tanto
este vaso vacío frente a mí,
esta silla vacía,
el bar lleno de anónimos,
una soledad poblada de aullidos.
Sí, me atreví a entrar sin tí,
a sentarme en nuestra mesa,
a pedir nuestra bebida,
a beberme tu ausencia
a vivirme tu ausencia
a morirme tu ausencia.
(retocado el 17/12/2009)
miércoles, 16 de diciembre de 2009
CAVERNA
Dirás, a media tarde
registrando las siluetas
de la abrupta anatomía
por la lujuria perdida tras la acequia:
"yo te vi poblar la tierra"
y pensé en ambos
cuando tu ombligo hizo erupción
y mi canto rebotaba en las cóncavas
primigenias formas
que en tu vientre
un celestial ojo habitaba.
registrando las siluetas
de la abrupta anatomía
por la lujuria perdida tras la acequia:
"yo te vi poblar la tierra"
y pensé en ambos
cuando tu ombligo hizo erupción
y mi canto rebotaba en las cóncavas
primigenias formas
que en tu vientre
un celestial ojo habitaba.
OCEANICA I
Tú, que tienes algas en los labios
Y tienes escamas
Y miras tan suave
Como que no fueras
Estiras tu sábana verde
De espumosos flecos
Para dormir
Sobre las olas
Lanzando besos
Al abrir y cerrar las pestañas
OCEANICA II
De tanto mirarte
Bajo los ojos
Tenías escrita
Sólo una línea
Grabada de mí
Tan larga como tus silencios
Y estabas lejana
Tan, pero tan lejana
Que tenues sobre tus pestañas
Se esfumaban diminutas
Las embarcaciones
Tú, que tienes algas en los labios
Y tienes escamas
Y miras tan suave
Como que no fueras
Estiras tu sábana verde
De espumosos flecos
Para dormir
Sobre las olas
Lanzando besos
Al abrir y cerrar las pestañas
OCEANICA II
De tanto mirarte
Bajo los ojos
Tenías escrita
Sólo una línea
Grabada de mí
Tan larga como tus silencios
Y estabas lejana
Tan, pero tan lejana
Que tenues sobre tus pestañas
Se esfumaban diminutas
Las embarcaciones
lunes, 14 de diciembre de 2009
La muerte es poco para desearte:
espero que sufras lo indecible,
espero que se te destroce el alma,
que los perros devoren tu corazón,
que toda la estulticia humana
caiga sobre tí en un segundo
y te aplaste contra el suelo.
Te deseo lo peor:
la tortura más estúpida y dolorosa,
los paseos vacíos pisando clavos,
las tardes consumidas en azul y aullido,
las roturas, los quiebres, las ausencias.
Cómo es posible que lo que me mata
me dé la vida.
La muerte es poco para desearte:
espero que te consumas lentamente,
espero que te seques hasta el polvo,
que no quede rastro de tu nombre,
que todo tu recuerdo sea borrado
como las nubes se deshacen en el cielo,
borrado como la fidelidad.
Te deseo lo peor:
no reconocer tu nombre,
tu olor, tu mirada, tu saliva.
No pienso soltarte fácilmente
sin haberte maldecido antes,
sin desearte un infierno
en tu cielo prefabricado y yerto,
sin haber escupido a tu dios
y pisoteado tus creencias.
No pienso soltarte
sin haber quemado tu carne
porcelana, sin despeñar
tu cuerpo por riscos y espinos,
sin abrirte en canal
y lentamente
estrujarte el hígado,
mancharme las manos
en tu sangre, en lo ácido de tu cuerpo,
en lo oscuro, en el filo
astillado
de tus huesos.
No voy a sacarte de mi soledad
y la muerte es poco para desearte.
espero que sufras lo indecible,
espero que se te destroce el alma,
que los perros devoren tu corazón,
que toda la estulticia humana
caiga sobre tí en un segundo
y te aplaste contra el suelo.
Te deseo lo peor:
la tortura más estúpida y dolorosa,
los paseos vacíos pisando clavos,
las tardes consumidas en azul y aullido,
las roturas, los quiebres, las ausencias.
Cómo es posible que lo que me mata
me dé la vida.
La muerte es poco para desearte:
espero que te consumas lentamente,
espero que te seques hasta el polvo,
que no quede rastro de tu nombre,
que todo tu recuerdo sea borrado
como las nubes se deshacen en el cielo,
borrado como la fidelidad.
Te deseo lo peor:
no reconocer tu nombre,
tu olor, tu mirada, tu saliva.
No pienso soltarte fácilmente
sin haberte maldecido antes,
sin desearte un infierno
en tu cielo prefabricado y yerto,
sin haber escupido a tu dios
y pisoteado tus creencias.
No pienso soltarte
sin haber quemado tu carne
porcelana, sin despeñar
tu cuerpo por riscos y espinos,
sin abrirte en canal
y lentamente
estrujarte el hígado,
mancharme las manos
en tu sangre, en lo ácido de tu cuerpo,
en lo oscuro, en el filo
astillado
de tus huesos.
No voy a sacarte de mi soledad
y la muerte es poco para desearte.
martes, 8 de diciembre de 2009
Pienso
si no será mejor
ver la vida desde la ventana,
no involucrarse,
no volver a estar vivo.
Por eso veo la vida
desde la barrera,
frente a tu silla llena de ausencia.
Esta media botella vacía
te pertenece.
Pero ¡qué delicia sentirse abandonado
por haber sido amado antes!
¡qué delicia desangrarse lentamente
por la ofrenda traidora de un corazón!
Equilibrios en el borde del vaso,
en el borde del beso,
en el borde del verso.
Corazón de carne
en medio de un paisaje plástico.
Me estoy royendo el corazón
para escapar así, incompleto,
del cepo.
Brindando con un fantasma,
con tu fantasma,
tu ausencia.
Alzo mi vaso y desearía
que todo hubiera sido
de otra forma.
Pido una botella para dos
y sólo sirvo un vaso.
Sé que no estás aquí,
que estuviste un día frente a mí,
pero que ya nunca volverás a estar.
Y me duele tanto
este vaso vacío frente a mí,
esta silla vacía,
el bar lleno de anónimos,
una soledad poblada de aullidos.
Sí, me atreví a entrar sin tí,
a sentarme en nuestra mesa,
a pedir nuestra bebida,
a beberme tu ausencia
a vivirme tu ausencia
a morirme tu ausencia.
06/12/2009
si no será mejor
ver la vida desde la ventana,
no involucrarse,
no volver a estar vivo.
Por eso veo la vida
desde la barrera,
frente a tu silla llena de ausencia.
Esta media botella vacía
te pertenece.
Pero ¡qué delicia sentirse abandonado
por haber sido amado antes!
¡qué delicia desangrarse lentamente
por la ofrenda traidora de un corazón!
Equilibrios en el borde del vaso,
en el borde del beso,
en el borde del verso.
Corazón de carne
en medio de un paisaje plástico.
Me estoy royendo el corazón
para escapar así, incompleto,
del cepo.
Brindando con un fantasma,
con tu fantasma,
tu ausencia.
Alzo mi vaso y desearía
que todo hubiera sido
de otra forma.
Pido una botella para dos
y sólo sirvo un vaso.
Sé que no estás aquí,
que estuviste un día frente a mí,
pero que ya nunca volverás a estar.
Y me duele tanto
este vaso vacío frente a mí,
esta silla vacía,
el bar lleno de anónimos,
una soledad poblada de aullidos.
Sí, me atreví a entrar sin tí,
a sentarme en nuestra mesa,
a pedir nuestra bebida,
a beberme tu ausencia
a vivirme tu ausencia
a morirme tu ausencia.
06/12/2009
domingo, 6 de diciembre de 2009
Mi casa es un puto laberinto. Cada vez que entro ya puedo despedirme de encontrar la salida. Todo me es ajeno. Todo yo soy extraño para mí mismo. No reconozco pasillos, ni puertas, ni habitaciones. Me asomo a las ventanas y no sé dónde estoy: ¿qué es este paisaje? Deambulo errante por las estancias mal iluminadas, llenas de susurros o de suspiros. Se me pasan las horas y aún no tengo ninguna referencia ni sé dónde aferrarme. Pierdo la noción del tiempo y la distancia. Me siento cansado, aburrido. En una silla de madera me siento. Sopeso las alternativas: ¿busco la salida o me adentro más?
Mi casa está vacía. Al menos esta parte. Aunque a veces veo sombras que se pierden por los rincones. Pero no estoy seguro de que sean personas; son simplemente eso: sombras. Pasan dejando una estela cálida y un escalofrío en mi corazón, pero no perduran. Nada hay en mi casa que deje una huella indeleble. Todo es fugaz, todo se borra.
Hay láminas colgadas en las paredes: fotografías, cuadros, antiguos poemas. A veces encuentro algún espejo, pero no refleja nada.
Con frecuencia he deseado que mi casa se llenara de vida, de color; pero supongo que dejaría de ser mi casa para convertirse en un engendro más ajeno a mí de lo que ya lo es. Y así encuentro un atajo: salto por una ventana a un paisaje desconocido y arrasado, para descansar un rato o para salir de mí mismo o para morir. Sólo para volver a entrar más tarde por una de las cuarenta puertas (o uno de los boquetes en la muralla) y reanudar este peregrinar laberíntico que me lleve al espejo de cuerpo entero donde enfrentaré al minotauro.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Huye
Haz que la gente te saque de Nürenberg
asusta a las sombras con la luz de tus ojos
sal desnudo corriendo por los bares
dile al centinela que descuide tu ropa
que no volverás.
Y no mires atrás
no desistas del puñal que te cargan
o la deslucida voz que te ata a la distancia
porque los adoquines son manos con que las plantas en sus vidrieras
recogen la resina del subsuelo
Haz que la gente te saque de Nürenberg
arremete con furia sobre el lomo del tranvía
entierra tus lápidas en los confines de sus voces
que las balas que escuchas tras tus pasos no son balas
son llamas de hombres que se alejan.
Haz que la gente te saque de Nürenberg
asusta a las sombras con la luz de tus ojos
sal desnudo corriendo por los bares
dile al centinela que descuide tu ropa
que no volverás.
Y no mires atrás
no desistas del puñal que te cargan
o la deslucida voz que te ata a la distancia
porque los adoquines son manos con que las plantas en sus vidrieras
recogen la resina del subsuelo
Haz que la gente te saque de Nürenberg
arremete con furia sobre el lomo del tranvía
entierra tus lápidas en los confines de sus voces
que las balas que escuchas tras tus pasos no son balas
son llamas de hombres que se alejan.
En la recamara de la señorita Händlmaier
Las tristes muñecas que no pueden mirar
por la luz de la claraboya que vierte sus rayos en el abismo
juegan en el carrusel sobre el espejo
y frente a ellas poseída
lava su vientre la señorita Händlmaier
lava la semilla de espanto que carga en sus entrañas.
Desperdigado sobre el espacio de sus cuadros
clava criaturas de hielo
evita pensar en el espacio de las bombas
para dejar en hipnosis los planeadores
Que vierten nubes como ladrillos humeantes
Tras su viejo libro de Hölderling
guarda las cartas de su amado
y las mira de reojo, en el espacio que le deja la lágrima
que como un zeppelín se desploma
colgado de sus pestañas
El manatí que bufa consternado junto a su alcoba
no hace más que decirle que le deje partir
pero las fosas cavadas en derredor
están pobladas de cebras compactas
que no le dejan huir
aunque quiera
aunque no se pueda con la cítara de cuerdas espinosas
y en su paso lo azoten los cuernos de la noche
y se cuelguen de sus aletas las carteras de lamentos
que le niegan el mar
Es en su compañía señorita Händlmaier
en que las duchas llenan el espacio de tintas brillantes
y la algarabía nos contagia a todos
los que estamos flotando en descenso interminable
y vemos una luz que nos guía
hacia un rincón donde su sonrisa no termina jamás
"Ein Mann wohnt im haus der spielt mit den Schlangen der schreibt
der schreibt wenn es dunkelt nach Deutschland dein goldenes Haar Margarete", Todesfuge Paul Celan
Las tristes muñecas que no pueden mirar
por la luz de la claraboya que vierte sus rayos en el abismo
juegan en el carrusel sobre el espejo
y frente a ellas poseída
lava su vientre la señorita Händlmaier
lava la semilla de espanto que carga en sus entrañas.
Desperdigado sobre el espacio de sus cuadros
clava criaturas de hielo
evita pensar en el espacio de las bombas
para dejar en hipnosis los planeadores
Que vierten nubes como ladrillos humeantes
Tras su viejo libro de Hölderling
guarda las cartas de su amado
y las mira de reojo, en el espacio que le deja la lágrima
que como un zeppelín se desploma
colgado de sus pestañas
El manatí que bufa consternado junto a su alcoba
no hace más que decirle que le deje partir
pero las fosas cavadas en derredor
están pobladas de cebras compactas
que no le dejan huir
aunque quiera
aunque no se pueda con la cítara de cuerdas espinosas
y en su paso lo azoten los cuernos de la noche
y se cuelguen de sus aletas las carteras de lamentos
que le niegan el mar
Es en su compañía señorita Händlmaier
en que las duchas llenan el espacio de tintas brillantes
y la algarabía nos contagia a todos
los que estamos flotando en descenso interminable
y vemos una luz que nos guía
hacia un rincón donde su sonrisa no termina jamás
miércoles, 2 de diciembre de 2009
EL ROSTRO DEL SUR
Hoy la lluvia tiene el rostro del sur:
El color de los abedules.
La prestancia de los eucaliptus.
El arrebato de los castaños.
La mansedumbre del sauce.
La fragilidad de la azalea.
La tolerancia morada de las lilas.
El atrevimiento dulce de las zarzamoras.
¿Pero qué haces tú enredado en mis recuerdos?
¿Acaso te miré, sin verte, en alguna esquina de mi infancia?
Los rostros del ayer saludan dulcemente.
Las calles corretean a empujones.
El avellano salpica el mediodía con su canto redondeado.
La rosa peonía no se asusta con la lluvia.
Mientras el manto de eva guarda silencio,
los copihues asaltan mi remembranza
para instalar allí su autóctona sonrisa.
Hoy la lluvia tiene el rostro del sur:
El color de los abedules.
La prestancia de los eucaliptus.
El arrebato de los castaños.
La mansedumbre del sauce.
La fragilidad de la azalea.
La tolerancia morada de las lilas.
El atrevimiento dulce de las zarzamoras.
¿Pero qué haces tú enredado en mis recuerdos?
¿Acaso te miré, sin verte, en alguna esquina de mi infancia?
Los rostros del ayer saludan dulcemente.
Las calles corretean a empujones.
El avellano salpica el mediodía con su canto redondeado.
La rosa peonía no se asusta con la lluvia.
Mientras el manto de eva guarda silencio,
los copihues asaltan mi remembranza
para instalar allí su autóctona sonrisa.
A contra luz
De nuevo tú
Rueda incesante
Árbol caduco que camina sobre mí
Relámpago rojo dentro del búho cardiaco
Alcanzando al fuego:
Sumérgete en sus tobillos
Clava las uñas en los muslos
Rodea sus caderas como una serpiente con escamas de espejos
Arráncale la carnecalor
Sin mirarlo
No naufragues como la isla en tu pecho
Ánclate en su garganta
Y graba un par de ojos eléctricos
Ebulliciona e invade sus pulmones
Nunca concedas que te exhale
Penetra sus ojos y perpetúale un silencio volcánico:
Recuerda que el amor muerde
Hazlo tragar una flor de soda cáustica
Y tú
Rueda vacía
Tú come tierra de cementerio
Aliméntate de muerte
Traga sin parar de arcar
¡Tierra tu boca!
Tierra tus ojos y carne sus raíces
Tierra tus pies
Que escalan la negra montaña
Tierra tu rostro
Macetero del mundo
Tierra tu corazón siamés
Traga tierra hasta que dejes de enterrarte
Mastica tu tierra
Más tierra que tierra.
Y tú
Rauda rueda
Podrás buscar tu voz
En el olvido de cenizas
Y en la música bastarda
Podrás interrogar a las arañas que suben por tu garganta
O en las palabras/piedras del camino,
Pero sí en algún tiempo
En que te canses de perforar al sol
Y devorarte su ocaso
Sí existe ese espacio
En el que te quemes la boca
Recuerda mirar a contra luz:
Y te alcanzara el trueno
Que engendró
Tu Nombre.
Rueda incesante
Árbol caduco que camina sobre mí
Relámpago rojo dentro del búho cardiaco
Alcanzando al fuego:
Sumérgete en sus tobillos
Clava las uñas en los muslos
Rodea sus caderas como una serpiente con escamas de espejos
Arráncale la carnecalor
Sin mirarlo
No naufragues como la isla en tu pecho
Ánclate en su garganta
Y graba un par de ojos eléctricos
Ebulliciona e invade sus pulmones
Nunca concedas que te exhale
Penetra sus ojos y perpetúale un silencio volcánico:
Recuerda que el amor muerde
Hazlo tragar una flor de soda cáustica
Y tú
Rueda vacía
Tú come tierra de cementerio
Aliméntate de muerte
Traga sin parar de arcar
¡Tierra tu boca!
Tierra tus ojos y carne sus raíces
Tierra tus pies
Que escalan la negra montaña
Tierra tu rostro
Macetero del mundo
Tierra tu corazón siamés
Traga tierra hasta que dejes de enterrarte
Mastica tu tierra
Más tierra que tierra.
Y tú
Rauda rueda
Podrás buscar tu voz
En el olvido de cenizas
Y en la música bastarda
Podrás interrogar a las arañas que suben por tu garganta
O en las palabras/piedras del camino,
Pero sí en algún tiempo
En que te canses de perforar al sol
Y devorarte su ocaso
Sí existe ese espacio
En el que te quemes la boca
Recuerda mirar a contra luz:
Y te alcanzara el trueno
Que engendró
Tu Nombre.
domingo, 29 de noviembre de 2009
Saberte aquí. Saberte cierto. Saber que está aquí, que no te has ido, que nunca te fuiste. Ver cómo las heridas dieron paso a las cicatrices tempranas, lamerse las heridas como un perro apaleado. Volver al pueblo, pasear por el olmedo en silencio, al borde del río. Mirar de nuevo hacia tu ventana, saber la casa vacía. El trigal a mis espaldas extiende su fragor amarillento. Todo está en calma, dentro del ruido de la tarde. A lo lejos, la campana. Las clarisas estarán retirándose a sus celdas. Todavía se oyen los niños en el parque. Son las siete de la tarde. En otro instante serían las once de la noche (en otra vida). El viento me susurra palabras olvidadas. He soltado las amarras, se me han roto las raíces, y he quedado así: a la intemperie. Ahora mismo la existencia apenas vale algo. Reanudo el paseo con la nueva campana. Paso al lado de los muros del convento; las clarisas, ajenas, duermen. Me zambullo de nuevo en el fragor de lo cotidiano, sabiendo que mi vida está en otra parte. Retomo la atención en la carretera, el camino a la multitud, la barbacana. Mas al entrar por el arco te recuerdo y tengo que acelerar mi huida en dirección contraria. Un sanroque me mira con su perro y sus heridas. Alguien pasa en bicicleta y me saluda. A la altura del cine, el recuerdo es ya casi insoportable y me detengo en la relojería. Miro mi imagen reflejada en el escaparate y, cuando continúo mi camino, mi imagen se queda allí, entre los relojes, en el tiempo muerto.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
No te conozco
y has abierto mi carne,
te he entregado mi cuerpo,
has roto mi alma,
has succionado mi vida.
Y no te conozco.
Te has apoderado de mí,
me has hecho tuyo,
y no te conozco.
Lloro por tu ausencia,
gimo por tu olvido,
sufro por tu silencio,
tu árido y abrasador silencio,
y no te conozco.
No te conozco,
pero tú me has elegido.
Y ya soy tuyo.
Para siempre.
y has abierto mi carne,
te he entregado mi cuerpo,
has roto mi alma,
has succionado mi vida.
Y no te conozco.
Te has apoderado de mí,
me has hecho tuyo,
y no te conozco.
Lloro por tu ausencia,
gimo por tu olvido,
sufro por tu silencio,
tu árido y abrasador silencio,
y no te conozco.
No te conozco,
pero tú me has elegido.
Y ya soy tuyo.
Para siempre.
lunes, 23 de noviembre de 2009
Preguntas Ineludibles (Marianela Soto M.)
¿El amor es una gaviota con distancia en las alas?
¿El año que se va, guarda en su bolsillo un silencio retrospectivo?
¿Tiene la almohada una escotilla para tantos secretos?
¿Qué regalos trae la lluvia en su mojada maleta?
¿Desde dónde viaja y cuánto recorre el cotidiano arrepentimiento?
¿Cuándo la esperanza se disfraza de bufón?
¿Tienen insomnio las dudas que deambulan de noche?
¿Cuándo se despierta malhumorado el hoy es porque tuvo pesadillas?
¿Distraen al sol las amapolas cuando abren?
¿Cuál es el verdadero domicilio de la muerte: el fin o el principio?
¿De quién heredó el otoño tanta benevolencia?
¿De dónde sustrajo la noche su oscuridad susurrante?
¿El amor es una gaviota con distancia en las alas?
¿El año que se va, guarda en su bolsillo un silencio retrospectivo?
¿Tiene la almohada una escotilla para tantos secretos?
¿Qué regalos trae la lluvia en su mojada maleta?
¿Desde dónde viaja y cuánto recorre el cotidiano arrepentimiento?
¿Cuándo la esperanza se disfraza de bufón?
¿Tienen insomnio las dudas que deambulan de noche?
¿Cuándo se despierta malhumorado el hoy es porque tuvo pesadillas?
¿Distraen al sol las amapolas cuando abren?
¿Cuál es el verdadero domicilio de la muerte: el fin o el principio?
¿De quién heredó el otoño tanta benevolencia?
¿De dónde sustrajo la noche su oscuridad susurrante?
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Reflejo de una mano con artritis sin el dedo cordial
Me apunto sin compasión
Riéndome
De mis árboles con obsidianas secas
Del cóndor viejo que rechina en mi oreja,
Ladro mis ideas
Y sus triángulos equiláteros
Con menos diámetro que tumba
Igual de podrido que las letras y sus runas
Muerto, remuerto estan los libros que vigilamos en una sala oscura
Callan pero hablan del Mar y sus comienzos, sin embargo
Esconden que sus ríos terminan en estas páginas.
El arlequín viejo vuelve a casa
Se tapa ansioso
De tierra
La nariz
Luego la boca
Y descansa.
Amen
Riéndome
De mis árboles con obsidianas secas
Del cóndor viejo que rechina en mi oreja,
Ladro mis ideas
Y sus triángulos equiláteros
Con menos diámetro que tumba
Igual de podrido que las letras y sus runas
Muerto, remuerto estan los libros que vigilamos en una sala oscura
Callan pero hablan del Mar y sus comienzos, sin embargo
Esconden que sus ríos terminan en estas páginas.
El arlequín viejo vuelve a casa
Se tapa ansioso
De tierra
La nariz
Luego la boca
Y descansa.
Amen
jueves, 5 de noviembre de 2009
El triunfo de los ríos
Y que tienes para compartir
además de tu puntiaguda vida
perfumada de cielos y de celos y de ceros,
esa laguna que acecha las olas
el volcán que sueña con respirar nubes
en vez de humo y rabia.
Las sombras se alargan hasta los espejos
eyaculan rostros
inyectan águilas en los ojos
se esconden debajo nuestros pies
y oran por El Vuelo. /y Volé/
Sin son con pasos rojos almirante
el volante laberinto quema la retina y se persina
sismando los símbolos sin sombras
chorreando vida por el insuelo
sincero o sin suero da igual
buceo de pozo en pozo rociando
voces transparentes de océano
no paralelos solo bicalores
chupando la teta del Amor, es por eso
porfiado corazón
resistes golpe tras golpe tras golpe y galope para permitir
poderes abanicos
soles espérmicos
zorros rítmicos
SHH!
(susurro) El silencio es la lengua que masturba el alma:
Me queda el ultimo latido
para llamar a otro latido.
además de tu puntiaguda vida
perfumada de cielos y de celos y de ceros,
esa laguna que acecha las olas
el volcán que sueña con respirar nubes
en vez de humo y rabia.
Las sombras se alargan hasta los espejos
eyaculan rostros
inyectan águilas en los ojos
se esconden debajo nuestros pies
y oran por El Vuelo. /y Volé/
Sin son con pasos rojos almirante
el volante laberinto quema la retina y se persina
sismando los símbolos sin sombras
chorreando vida por el insuelo
sincero o sin suero da igual
buceo de pozo en pozo rociando
voces transparentes de océano
no paralelos solo bicalores
chupando la teta del Amor, es por eso
porfiado corazón
resistes golpe tras golpe tras golpe y galope para permitir
poderes abanicos
soles espérmicos
zorros rítmicos
SHH!
(susurro) El silencio es la lengua que masturba el alma:
Me queda el ultimo latido
para llamar a otro latido.
martes, 3 de noviembre de 2009
lunes, 2 de noviembre de 2009
Mírame estar aquí, en medio de la nada, sostenido por una esperanza vacía; sin excusas, sin coartadas, sin perdones posibles. Sostenido en la nada por un mero impulso del corazón: la certeza de que alguna vez te amé (aunque tú nunca me amaras). Este equilibrio entre existir y extinguirse. Saberme sostenido en una inconsistencia, en un soplo, un suspiro. Me comprometo al desamparo, a la pérdida, al duelo, a la aniquilación, al olvido, a la ausencia, al silencio.
Poco me importa vivir unos segundos o varios siglos, si estoy en tu presencia. Hay gotas de tu sangre en mi alma, eso me basta. Saber que tu cuerpo, tu persona, tu vida, se ha mezclado conmigo hasta las raíces más profundas. Nada se ha perdido. Todo lo conservo en este arca dañado. Eso me basta. Y desearía morir ahora, antes de que el tiempo difumine los contornos de tu rostro en mí.
Beberte a sorbos con avidez, porque en ello me va la vida.
La gente cree que estoy enfermo, poseído, moribundo. Centenares de ojos me rastrean, los ojos de un pulpo al que se le resbala mi amor, los tentáculos fríos y pegajosos de los labios caducos, los amores de compra-venta, las esperanzas de contrabando, las ilusiones de humo, los vacíos. Me río de ellos, de todos ellos. Llevo el volcán en mi interior, suspendido en mi mismo centro, en dos gotas de tu sangre. Toda mi existencia en la ruptura de la fina membrana de estas dos gotas, en el abandono, en la fusión, en la nada.
Poco me importa vivir unos segundos o varios siglos, si estoy en tu presencia. Hay gotas de tu sangre en mi alma, eso me basta. Saber que tu cuerpo, tu persona, tu vida, se ha mezclado conmigo hasta las raíces más profundas. Nada se ha perdido. Todo lo conservo en este arca dañado. Eso me basta. Y desearía morir ahora, antes de que el tiempo difumine los contornos de tu rostro en mí.
Beberte a sorbos con avidez, porque en ello me va la vida.
La gente cree que estoy enfermo, poseído, moribundo. Centenares de ojos me rastrean, los ojos de un pulpo al que se le resbala mi amor, los tentáculos fríos y pegajosos de los labios caducos, los amores de compra-venta, las esperanzas de contrabando, las ilusiones de humo, los vacíos. Me río de ellos, de todos ellos. Llevo el volcán en mi interior, suspendido en mi mismo centro, en dos gotas de tu sangre. Toda mi existencia en la ruptura de la fina membrana de estas dos gotas, en el abandono, en la fusión, en la nada.

DISCRETIZACIÓN
En honor a las moscas
a lo putrefacto de su ser
a su tierno aleteo
o a la conmoción en el aire
donde el sol palideció.
A sus espejos diminutos
a sus filamentos
a la transición de sus larvas tras la carne
lo que a zigzagueos enormes se vive
entre agonía y espanto
y que el continuo desea comprender.
O a su arte ecléctico
que la certidumbre fue a la caza
de las ecuaciones que cargaban
al saltar al firmamento
de lo desecho.
Ay moscas, moscas
eventuales, testarudas
como hoyos clavados en el aire.
Ay de mí que les sigo en el acto
de vivir tanto como sea posible
pero, cuanto más me callo
ellas chocan
una y otra vez
como campanadas de movimientos perpetuos
como si el aplauso
fuese a perturbar
los números recostados en los escaparates
y sus carruajes fuesen tirados por lienzos tenaces
que no se dejan ver.
Y amedrentan
con una voz de silabario van por ahí murmurando:
“¿Ah que no sabes por qué estamos aquí?,
¡Ah que no sabes por qué estamos aquí!”
porque yo las quiero
las quiero atrapar y se alejan
formando códigos que en otro tiempo
fueron lenguaje de agua y fuego.
jueves, 29 de octubre de 2009
DIVERTIMENTO PARISIÉN
Cansado de vivir, miro al Sena, desde la mesa de la cocina. Es temprano: croissants y café au lait entre tinieblas. El dolor de cabeza me trae retazos de París la nuit, del encuentro en la boutique, de tu mettre en scène. ¡Ah, mi alma se derrama con estas pinceladas de luz marchita! Acierto a ver la puerta entreabierta, las sábanas revueltas, el lecho cálido, y dentro de él, como una fruta dolorosa, nuestra noche convertida en cuerpo: un espléndido ménage à trois.
martes, 27 de octubre de 2009
CERTEROS LAZOS. IX (NOVENA ESPOSA)
Llegaba un poco tarde, cita a ciegas, y estaba ansioso por ver tu rostro. Habíamos hablado tantas veces, aún sin vernos… Desde la pantalla luminosa escribía mis frases más ocurrentes, atacando tu ironía (eso fue al principio, los primeros meses). Desgranaba mi rosario de lecturas clásicas, encadenando los místicos del XVI con Marguerite Duras, pasando por Lorca y Quevedo, mientras tú me respondías (Lolita engreída) con Nabokov y Tagore, y te abismabas en Salinas o en Edith Stein. Así se deslizaban las noches, después de un día gris en la oficina, en un mundo más allá que nos superaba, a la vez que nos envolvía y nos engullía en él. Aquella ventana al infinito adquiría contornos de letras, de poemas en letras rojas, de imágenes grabadas, con banda sonora de la década anterior (ya derrochados los treinta…). En todo esto pensaba, mientras me arreglaba la corbata, bajo el reloj de la estación de buses, cita a ciegas, y estaba ansioso por ver tu rostro. La clave era un libro de Cervantes (cualquiera de ellos), y yo llevaba un Persiles con su Segismundo y toda su corte, en una caja amarilla llena de páginas (eso que llaman “libro”) y lo llevaba así: brazos flexionados, a la altura del pecho, portada hacia el exterior (para que se viera), y un dedo perdido entre sus hojas. El reloj de la estación me observaba para ver en qué paraba todo aquello, y yo mientras, de reojo, no perdía de vista sus manecillas. Ví avanzar a alguien lentamente (“¡ahí está!”, me dije). Pero no: su libro era de Neruda. La sonrisa fue lo primero que ví en ella, y después sus largas piernas (“¡ella es!”, me grité). Pero no: Emily Brönte y sus tormentas. Los ojos azabaches me cautivaron (“no hay duda”, me dije), pero era discípula acérrima de Joyce. La brisa se volvió helada, y supe que era el momento. Entonces te ví pero ¡Virginia Wolf!, ¿y Cervantes? Llevabas un ajado ejemplar de la loba virgen, y quitando la portada, dejaste un cervantino al descubierto. Fue en ese instante que me percaté del hecho de tu barba y bigote. “Nadie es perfecto”, me dijiste. Y, hablando de la focalización del narrador en la Wolf, nos tomamos varias cervezas, mientras el reloj ya se reía a carcajadas.
2006
2006
Siempre es un milagro sentir esta calidez del sol de octubre. Me sirvo un vaso de vino blanco mientras enciendo el fuego. Suena Schubert en la radio. El primer sorbo y me zambullo en el armario, en busca de la cacerola. Su frío metal, al fuego. Arde en la hoguera. El oro mediterráneo, de oliva. Voy llenando la cacerola de agua y añado un poco de sal. Esto ya es el segundo sorbo del vaso. Miro el agua mientras se calienta, mientras se desgrana Schubert en la radio, mientras se desangra. De vez en cuando miro por la ventana y veo el tráfico, abajo, a mis pies, el ruido de la ciudad. Dentro, la música. El timbre (¿se habrá adelantado? todavía no es la hora). Es un hombre pidiendo comida. Le doy un sobre de sopa. El agua hierve y echo la pasta. El cuarto. Los violines de Schubert. ¿Dónde estoy? ¿Dónde me lleva Schubert sin pretenderlo? Remuevo la pasta. Los círculos concéntricos, la espiral, el remolino blanco. Los geranios en la ventana parecen quemados: este sol de octubre los quema. Fuera, la ciudad; dentro, la música. El quinto. Voy hacia la mesa de la cocina y anoto un encargo “No olvidar comprar las flores”. La pasta se va ablandando. También mi mirada. Rescato la pasta, la pruebo. Bien. Retiro la cacerola del fuego y pongo la sartén. El sol se vuelve negro y yo lo pinto de oro. Suena el teléfono. Suena el teléfono. Suena el teléfono. Por un instante no sé qué hacer. En mi camino al fregadero, la cacerola en mis manos tiembla. Suena el teléfono. Me quedo quieto, inmóvil mirando el sonido, me muero. Los violines de Schubert siguen ahí, yo también. Por fin vuelve la calma. El tráfico, abajo, sigue su flujo con cuentagotas. Escurro la pasta y echo agua fría. Termino el primer vaso y me sirvo otro. Me mojo un poco la frente. Creo que tengo fiebre (¿hoy? ¿justamente hoy?). La suavidad se deshace bajo el agua, adquiere su forma, su aroma, su sentido. Troceo el pimiento sobre la sartén. Los fuegos solares, que son dos veces la distancia para alcanzar la luna. Que son sus mejillas, al tacto no a los ojos, pues en la oscuridad de la habitación no los veo. El sexto y el primero. El suave sopor de olvidarse de todo, de refugiarse en sus brazos, bajo las sábanas, descansa niño, todo está bien, descansa. Troceo la zanahoria. La cebolla marca el final y lloro. El séptimo, el octavo. Otro vaso. Miro el reloj (ya casi es la hora). Bajo el oro líquido todo se barniza. Schubert se vuelve comida y sabe a orégano. Echo la pasta en la sartén. El tráfico va despejándose. Reahogo la pasta con la zanahoria, el pimiento, la cebolla, sal. Así me enseñó mi madre, así la ví tantas veces, antes de la salida de la fábrica, de la vuelta a casa de papá. Antes. El noveno, el primero. Dispongo la pasta en la fuente y la llevo a la mesa. Ahora sólo esperar. No es muy difícil, sólo hay que dejarse llevar por Schubert, ¿dónde? No importa; mientras suena, espero. El décimo. Me desafían los platos, la fuente, si me siento solo a la mesa. Me levanto, voy al fregadero, me lavo las manos. Todavía hay olor a cebolla. Cierro los ojos un instante, Schubert se va distanciando, se termina. Vuelvo a la mesa. Los platos no me permiten estar solo, la fuente (ya es la hora; se retrasa). Tomo el vaso de vino, resbala, cae al suelo, se rompe. El vino blanco me salpica los tobillos. Tengo fiebre. Todavía tengo cebolla en las manos y, cuando me toco la frente, la cebolla me hace llorar. La pasta se enfría.
lunes, 26 de octubre de 2009
SALZBURGO
Yo fui a un lugar hermoso
yo quise que los ojos míos fuesen catalejos donde los que quiero
hubiesen visto lo que vi
yo creo que mi abuela hubiese llorado si hubiese visto lo que vi
y mi madre… mi madre hubiese tejido unas torres de terciopelo
para que los niños jugasen…
Y tú, no hubieses vuelto nunca a vivir a las Colinas
te hubieses convertido en una rosa de aquel jardín
(todas gritaban sus nombres con colores bellos
como un circo a medio día lleno de locos)
aún creo que dios va allí cuando no me escucha
y se sienta a rezar un rato, esperando que nadie lo vea
Y si yo amase como ama el hombre que habita mi cuerpo
si yo anidara otros cuerpos sigilosos
con habitaciones oscuras
si no pudiese vivir más
y detenerme en el tiempo
como cuando te miro
desde el fondo de las cosas
palidezco.
Y te iré a dejar culatas
y pistones a tu tumba
cuando me sienta enfermo
de inhalar noches como esas
en las que callo
y vaya por ahí
colgado de la luz de las ventanas
con un día triste y herido como cenizas.
yo quise que los ojos míos fuesen catalejos donde los que quiero
hubiesen visto lo que vi
yo creo que mi abuela hubiese llorado si hubiese visto lo que vi
y mi madre… mi madre hubiese tejido unas torres de terciopelo
para que los niños jugasen…
Y tú, no hubieses vuelto nunca a vivir a las Colinas
te hubieses convertido en una rosa de aquel jardín
(todas gritaban sus nombres con colores bellos
como un circo a medio día lleno de locos)
aún creo que dios va allí cuando no me escucha
y se sienta a rezar un rato, esperando que nadie lo vea
Y si yo amase como ama el hombre que habita mi cuerpo
si yo anidara otros cuerpos sigilosos
con habitaciones oscuras
si no pudiese vivir más
y detenerme en el tiempo
como cuando te miro
desde el fondo de las cosas
palidezco.
Y te iré a dejar culatas
y pistones a tu tumba
cuando me sienta enfermo
de inhalar noches como esas
en las que callo
y vaya por ahí
colgado de la luz de las ventanas
con un día triste y herido como cenizas.
El último eclipse de las palabras
El descubrimiento arqueológico de mis palabras, fue un soplo hacia mí empolvada alma. Cuantas veces las ideas supieron a colores, y mis pensamientos llegaban escucharse. Cuantos puntos se creían un círculo entero. Y es que las letras seducen y reverberan, como este eclipse que nace de mi mano, pero también distorsionan y la realidad es en realidad una simple niebla opaca. Como confundir unos monopensamientos con la multivida que se presenta día a día, día a noche, noche a noche y noche a día. No existe la rutina, sino cajas que intentan encerrar el Infinito. Somos catálogos catalogados que se dedican a catalogar el mundo para que él no nos devore. Pero olvidamos que el alimento se hace uno con el alimentado. Uno mi mirada con tus ojos. Uno la luna con las ramas del árbol que la sostienen. Tal vez la locura realmente sea la cordura, y ya convertirlo en pensamiento es un crimen. Criminales los poetas encerrados en estos ácidos símbolos: la poesía se siente, no se lee. Poeta son las nubes con su espuma y el perro ladrando al auto; poeta es mi piel, quien masturba el silencio. Este es el último suicidio de las palabras. Deja de leer y sale a la calle.
domingo, 25 de octubre de 2009
Riangkemie tras la lluvia
RIANGKEMIE TRAS LA LLUVIA
De lejos, es la sospecha,
de cerca, la amenaza.
Va subiendo el vapor,
se funde en niebla;
van los cerros llamando
a otros cerros;
llega el viento
y parece entretenerse
buscando casas,
troncos rotos,
grietas.
Cae la sombra
y asemeja un gran tejido:
todo lo cubre,
nada escapa,
nada.
Vienen águilas, perros y lagartos;
viene todo lo visible y lo invisible;
viene vivos y difuntos, vienen
muertos, fantasmas
vienen, y hasta extraños.
Mas nada temen los niños,
encienden sus velas,
sus ojos miran la niebla, las nubes
se deshacen, se funden
en la niebla
que se cae desde el volcán:
bajo la lluvia verde de palmera verde
de hojas verde de vida.
¿Acaso convocó alguien
esta música,
estos platillos metálicos,
este entrechocar de sus pulseras,
de tus pulseras, vida mía?
(Y es ahora cuando el alma
se me va a ti, eternamente,
pues quise fundirme en este verde
para retrasar el momento de tu presencia,
para retrasar tu recuerdo
y ¿ves?, no puedo).
Las mujeres corren por la lluvia,
no huyen de ella, salen a su encuentro,
abren los brazos para que las fecunde
el cielo, el volcán, las palmeras,
los hombres corren también,
se descamisan,
pisan descalzos la tierra
y sienten la savia de la vida.
La selva resplandece,
los arrozales se deshacen en agua,
la tierra bebe ávida, bebe vida.
Sigue lloviendo, sigue el cielo cayendo,
goza el firmamento estas lágrimas,
este sol que nos cuece y nos quema.
Es la noche la que llega
y aún llueve:
es la noche la que llega
con su gala,
con sus rojos, con sus verdes,
sus naranjas, el brillo de su rostro,
sus azules,
todavía en la noche hacia el cielo
danzan hombres y mujeres,
danzan;
y estarán así hasta que tú regreses,
noche, hasta que poco
a poco, lentamente, sin
ruido, y en
silencio, vayas
quedándote dormida
y el sol se te acerque
para oler tu cabello, para besarte acaso,
para contemplar tu blanco cuerpo.
Toda la niebla y la lluvia
se han filtrado a la tierra,
el cansancio puede con todos:
todos duermen
(se oye algún gallo lejano,
nadie escucha;
un perro entra al cementerio
y ve a los muertos dormidos).
La lluvia se ha dado a beber a todos,
impúdica y generosa,
y ahora los fecunda hasta el cansancio.
Riangkemie tras la lluvia
es una fiesta, un lecho nupcial,
una esperanza.
Si esta paz se prolongara eternamente…
Con la brisa caliente tras la lluvia
van quemándose las pieles y las almas,
van curtiéndose amores y desamores,
van secándose lágrimas y esputos.
Oscar Ruiz
De lejos, es la sospecha,
de cerca, la amenaza.
Va subiendo el vapor,
se funde en niebla;
van los cerros llamando
a otros cerros;
llega el viento
y parece entretenerse
buscando casas,
troncos rotos,
grietas.
Cae la sombra
y asemeja un gran tejido:
todo lo cubre,
nada escapa,
nada.
Vienen águilas, perros y lagartos;
viene todo lo visible y lo invisible;
viene vivos y difuntos, vienen
muertos, fantasmas
vienen, y hasta extraños.
Mas nada temen los niños,
encienden sus velas,
sus ojos miran la niebla, las nubes
se deshacen, se funden
en la niebla
que se cae desde el volcán:
bajo la lluvia verde de palmera verde
de hojas verde de vida.
¿Acaso convocó alguien
esta música,
estos platillos metálicos,
este entrechocar de sus pulseras,
de tus pulseras, vida mía?
(Y es ahora cuando el alma
se me va a ti, eternamente,
pues quise fundirme en este verde
para retrasar el momento de tu presencia,
para retrasar tu recuerdo
y ¿ves?, no puedo).
Las mujeres corren por la lluvia,
no huyen de ella, salen a su encuentro,
abren los brazos para que las fecunde
el cielo, el volcán, las palmeras,
los hombres corren también,
se descamisan,
pisan descalzos la tierra
y sienten la savia de la vida.
La selva resplandece,
los arrozales se deshacen en agua,
la tierra bebe ávida, bebe vida.
Sigue lloviendo, sigue el cielo cayendo,
goza el firmamento estas lágrimas,
este sol que nos cuece y nos quema.
Es la noche la que llega
y aún llueve:
es la noche la que llega
con su gala,
con sus rojos, con sus verdes,
sus naranjas, el brillo de su rostro,
sus azules,
todavía en la noche hacia el cielo
danzan hombres y mujeres,
danzan;
y estarán así hasta que tú regreses,
noche, hasta que poco
a poco, lentamente, sin
ruido, y en
silencio, vayas
quedándote dormida
y el sol se te acerque
para oler tu cabello, para besarte acaso,
para contemplar tu blanco cuerpo.
Toda la niebla y la lluvia
se han filtrado a la tierra,
el cansancio puede con todos:
todos duermen
(se oye algún gallo lejano,
nadie escucha;
un perro entra al cementerio
y ve a los muertos dormidos).
La lluvia se ha dado a beber a todos,
impúdica y generosa,
y ahora los fecunda hasta el cansancio.
Riangkemie tras la lluvia
es una fiesta, un lecho nupcial,
una esperanza.
Si esta paz se prolongara eternamente…
Con la brisa caliente tras la lluvia
van quemándose las pieles y las almas,
van curtiéndose amores y desamores,
van secándose lágrimas y esputos.
Oscar Ruiz
viernes, 23 de octubre de 2009
ESA QUE NO QUISIERA NOMBRAR
Antes de dormir algún día ese largo sueño.
Y abrazar, resignada, a esa que acecha y atemoriza.
Quiero permanecer contigo en el silencio:
a la luz reflexiva del pasado.
Para sentir nuevamente la cascada de vida que irrumpe entre nosotros.
Para saborear la dulzura de tu nombre acostumbrado a mi boca.
En la complacencia de tu abrazo
quiero empapar las lágrimas del tiempo.
En la serenidad de tu sonrisa,
verter las penas feroces de la ausencia
y las verdades que me provocan amarte.
Antes de dormir algún día ese largo sueño.
Y abrazar, resignada, a esa que acecha y atemoriza.
Quiero permanecer contigo en el silencio:
a la luz reflexiva del pasado.
Para sentir nuevamente la cascada de vida que irrumpe entre nosotros.
Para saborear la dulzura de tu nombre acostumbrado a mi boca.
En la complacencia de tu abrazo
quiero empapar las lágrimas del tiempo.
En la serenidad de tu sonrisa,
verter las penas feroces de la ausencia
y las verdades que me provocan amarte.
martes, 20 de octubre de 2009
La poesía...un regalo para el alma
Un saludo especial, deseando que el taller sea muy provechoso para todos.
SUEÑA
Sueña el hombre
clava su puñal en el cielo
sueña para que no suceda nunca
lo que sueña
Tiene miedo y sueña
como huir de la zozobra,
el desenfreno, las migas en los calzoncillos
y sentirse feliz
en una vida
que no sea la suya
Rota en los pasillos
ejerciendo
nebulosos dogmas,
estúpidos
los acreedores en los bancos
perfilando sus garabatos
agitando sus recibos
y en medio su mente
recibiendo las quejas
automáticamente
porque él no timbra
él sueña.
clava su puñal en el cielo
sueña para que no suceda nunca
lo que sueña
Tiene miedo y sueña
como huir de la zozobra,
el desenfreno, las migas en los calzoncillos
y sentirse feliz
en una vida
que no sea la suya
Rota en los pasillos
ejerciendo
nebulosos dogmas,
estúpidos
los acreedores en los bancos
perfilando sus garabatos
agitando sus recibos
y en medio su mente
recibiendo las quejas
automáticamente
porque él no timbra
él sueña.
lunes, 19 de octubre de 2009
Bienvenidos al Vergel de la POYESIS
Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí ... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.
JORGE LUIS BORGES (Poema Conjetural, "El otro, el mismo")
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí ... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.
JORGE LUIS BORGES (Poema Conjetural, "El otro, el mismo")
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